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«Verónica», la película en español que aterroriza al mundo

El filme de Paco Plaza ha cautivado a la crítica internacional gracias a Netflix

Sandra Escacena protagoniza la última película de Paco Plaza
Sandra Escacena protagoniza la última película de Paco Plaza - SONY PICTURES
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A finales del pasado mes de febrero, Netflix puso a disposición de sus usuarios «Verónica». No solo de los españoles. La nueva película de Paco Plaza está aterrorizando en español al público extranjero. «La nueva oferta de terror de Netflix es una sorpresa mejor que 'The Cloverfield Paradox'», puntualiza «IndieWire». De hecho, cuenta con un 88% en «Rotten Tomatoes», un espacio web americano dedicado a resumir las opiniones críticas de películas.

Plaza cambia los zombis por una tabla de Ouija para conquistar a la crítica extranjera. «'Verónica' está recibiendo mejores críticas que muchas de las películas de terror que están saliendo de Hollywood», culmina la crítica de la película española por «Reelfilm». Mientras, «The Hollywood Reporter» destaca que «el verdadero horror en Verónica no está en las imágenes, ni en la frenética cinematografía de Pablo Rosso, ni en el bombardeo sonoro de efectos de sonido y música; está en la relación entre los niños». No solo han reaccionado en Estados Unidos. Latinoamérica también se ha encogido con el filme: «En épocas en los que el género de terror parece no regenerarse sino copiarse a sí mismo, 'La posesión de Verónica' no es una más. A los que les gusta asustarse, la apreciarán», dice el «Diario Clarín».

«Verónica» contaba con un punto a favor: está dirigida por el creador de «REC», una saga que impactó tanto al público español como al internacional. Desde su estreno en 2007, esta película de zombis inauguró una de las franquicias de terror recientes más apreciadas gracias a su peculiar forma de transmitir el miedo con su «cámara inestable». Incluso llegó a inspirar un remake inferior estadounidense «Cuarentena». Para esta película, Plaza rescató una historia paranormal real, la única que consta en informes policiales: el «Caso Vallecas», hecho que ha recordado a más de uno a «Expediente Warren: The Conjuring».

Crucifijos del revés, babas y figuras vigilantes

Un armario cerrado que se abre repentinamente y de forma sobrenatural. Estruendos sin justificación en la terraza de la vivienda. Un Cristo separado inexplicablemente de su cruz. Una mancha marrón, «identificada como babas». Estos son algunos de los sucesos paranormales que la Policía Nacional, una madrugada de noviembre del año 1992, redactó en el parte de su visita a la casa de la familia de Estefanía Gutiérrez Lázaro, una joven de Vallecas que falleció en extrañas circunstancias tras jugar a la ouija.

Reunió a sus amigas para contactar con los espíritus en su instituto. Querían hablar con el novio de una de ellas, que había fallecido en un accidente de moto. Pero, tras ser descubiertas por una profesora, terminaron el juego sin una despedida. Al menos para Estefanía. Desde ese momento, según contaron los padres de la joven, la chica empezó a sufrir convulsiones, alucinaciones y a escuchar voces aterradoras en su propia casa, en la calle madrileña de Luis Marín. La salud de Estefanía se fue deteriorando. Tanto que en agosto de 1991 fue ingresada en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Pese a los intentos de los médicos por reanimarla, falleció en extrañas circunstancias. El parte médico solo indicaba «muerte súbita y sospechosa», tal y como expresó el forense Pedro Cabezas. Pero los «extraños acontecimientos» no acabaron con su fallecimiento. Hasta que una noche llamaron a la Policía denunciando los inquietantes sucesos de su domicilio.

Fotograma de «Verónica»
Fotograma de «Verónica»- SONY PICTURES

Los policías que estuvieron aquella madrugada en la casa hablan de ruidos y golpes sin explicación aparente. «Lo primero que me impresiona es que llego a la casa y veo a la familia en la calle con un frío espantoso y la madre con un niño de pecho así que intenté tranquilizarlos», explicaba el inspector jefe de la Policía en ese momento, José Pedro Negrí, a «Cuarto Milenio». Otros cuatro agentes acompañaron al inspector a la casa de esta familia. Incapaces de explicar lo que observaban, lo describieron como «una situación de misterio y rareza». La familia comenzó a explicarles cómo los crucifijos de la casa se movían sin control y una enorme figura les vigilaba desde el pasillo. En un intento de mostrarles la pesadilla que vivía la familia, el padre de Estefanía les pidió apagar la luz. «Aseguraba que cuando estaban tranquilos era cuando acontecían estos sucesos», añadía Negrí.

Tal y como recoge el escrito, «pudieron oír y observar cómo una puerta de un armario perfectamente cerrada, cosa que comprobaron después, se abrió de forma súbita y totalmente antinatural». «No pasaron más de dos minutos desde que habíamos apagado la luz cuando una de las puertas se abrió y cerró de forma muy violenta. Encendió la luz e hicimos una inspección para determinar por qué había ocurrido aquello», comentaba el inspector. «No habían salido de la sorpresa y comentando la misma, se produjo un fuerte ruido en la terraza donde pudieron comprobar que no había nadie», continúa el escrito. Tales sospechas «aumentaron y se reforzaron (...) Momentos después pudieron percatarse y observar cómo en la mesita que sostenía el teléfono y, concretamente, en un mantelito, apareció una mancha de color marrón consistente identificada como babas». De hecho, los compañeros que estaban con el inspector pronto confesaron que, si no era obligatorio, preferían esperar en la calle. «Solo se quedó conmigo un compañero», confesaba Negrí a Íker Jiménez.

De lo difícil de creer a la ficción

La familia Gutiérrez Lázaro terminó vendiendo el piso y los inquilinos que lo ocuparon después aseguraron que nunca han oído ni visto nada raro. Todavía sin una explicación lógica o científica, es uno de los episodios más relevantes de la parapsicología en España y Paco Plaza lo ha utilizado como pretexto para hablar sobre las leyendas urbanas que se alimentaban de historias de espíritus y fantasmas, de reflejos en el espejo y de ouijas. «Es el único caso en el que un Policía se ha sentado delante de una máquina y ha escrito que ha sido testigo de fenómenos paranormales, es lo que lo hace tan atractivo y tan único. Queríamos trabajar sobre quién podía haber sido esa niña o cómo podría haber ocurrido», comenta el director. Por eso, está contada desde el punto de vista de ella, de «Verónica», sin posicionarse en una teoría u otra. «El caso ha sido una excusa argumental», comenta el director. Plaza insiste en que esta película no es un documental y que no solo está inspirada en el caso Vallecas, también en otros dos sucesos de las mismas características que sucedieron en Madrid en los 90 y hacer así un ejercicio de nostalgia y reivindicación de la adolescencia.