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La única película secuestrada durante la democracia

«El crimen de Cuenca», un trabajo de Pilar Miró, tardó un año y medio más de lo previsto en llegar a las salas de cine

El documental «Regresa el Cepa» reúne a los principales protagonistas del hito histórico, entre los que destaca el actor Guillermo Montesinos, para contar lo que realmente sucedió

Pilar Miró, durante el rodaje de «El crimen de Cuenca»
Pilar Miró, durante el rodaje de «El crimen de Cuenca» - ABC
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Madrid. 1979. El productor Alfredo Matas perseguía la idea de hacer «El Expreso de Medianoche» a la española. Tras rebuscar entre noticias y documentos, da con el «Caso Grimaldos». El expediente recoge la historia del asesinato de José María Grimaldos, más conocido como «El Cepa», en la localidad de Osa de la Vega (Cuenca). La historia no destacaba por lo sucedido a la víctima, si no por como trataron a los «verdugos». En 1913, tres años después de la desaparición de «El Cepa», dos pastores confesaron el crimen tras ser torturados por la Guardia Civil. Lo que jamás se imaginaban aquellos que obligaron a los jóvenes a confesar a admitir el crimen a palos era que el «muerto» reaparecería diez años después.

La historia era perfecta, el presupuesto era bastante abultado y el reparto estaba casi cerrado. Matas solo necesitaba a alguien que se pusiera detrás de la cámara. La elegida fue Pilar Miró, una de las poquísimas mujeres que hacía cine en los años 80. «'El Crimen de Cuenca' se concibió como una gran producción de Hollywood. Se escribió primero, se montó y luego se buscó el director», comenta Víctor Matellano, director de «Regresa el Cepa», un documental que analiza la historia que rodeó al único filme censurado durante la Transición.

Plasmar la historia en papel llevó más tiempo del normal. Diferentes manos escribieron distintas versiones. Finalmente fue la de Lola Salvador, que firmó como Salvador Moldano, la que se llevó a la gran pantalla. Para rodar el «Crimen de Cuenca», Pilar Miró solo necesitó tres semanas, pero el público tardó 19 meses en ver el resultado. La película quedó secuestrada y marcó un antes y un después para la justicia y los estamentos gubernamentales. Cuenta la leyenda que todo empezó cuando a un ministro de la UCD le entró un ataque de pánico al descubrir que la cinta mostraba –de forma muy explícita– las torturas que la Guardia Civil había infligido a los pastores acusados de asesinar a «El Cepa».

El ejército, a través de un juzguda militar, ordenó secuestrar las copias. Pero donde sí pudo verse «El crimen de Cuenca», antes de ser procesada, fue en el festival de Cine de Berlín. Esto supuso, según publicó ABC en su día, una pequeña esperanza para Pilar Miró: «El hecho de que la película haya sido seleccionada puede ser una salida para que se conceda la licencia de exhibición en España, ya que dicha película está retenida a instancias del Ministerio del Interior, al considerar que existen escenas constitutivas de delito». Pero no fue así, al menos de inmediato.

Fotograma de «El crimen de Cuenca»
Fotograma de «El crimen de Cuenca»

«El crimen de Cuenca» provocó aplausos y abandonos –provocados por las escenas más duras de la película– a partes iguales en la Berlinale. «Y nos quedamos sin ningún galardón. No te pueden dar premios en Berlín y que en España esté secuestrada la película», reprocha Guillermo Montesinos, «El Cepa» cinematográfico. Su periplo por el festival alemán fue, finalmente, motivo de procesamiento ya que, como informó Efe, «la película fue exhibida en dos cines de Berlín el pasado 24 de febrero, a pesar de haber sido secuestrada por el Juzgado Militar Permanente con fecha de 31 de enero». Pilar Miró no solo sufrió dos años de censura, un tribunal militar la sentó en el banquillo y casi le cuesta seis años de cárcel.

«La película era y es realista. Cuenta lo que pasó a principios del siglo XX. Hubo un juicio donde se demostró que todo aquello era verdad. Pero los poderes fácticos están ahí y no les gusta que se cuente la verdad», reflexiona Guillermo Montesinos, quien ha vuelto al lugar del rodaje para profundizar en «Regresa el Cepa». «Ahora queremos contar una historia en España que fue muy cruenta socialmente y hablamos también los problemas que hubo en el rodaje. Hay gente que no sabe lo que pasó. Incluso nos preguntaron que si vivía Franco por como secuestraron la película de esa manera… Fue algo muy fuerte y muy duro en una época en la que aún salíamos a la calle a pedir amnistía. Para los que hicimos el filme era más que el tema político, era ver como pasan los meses y el trabajo al que le habíamos dedicado tanto tiempo y empeño no se podía ver», añade.

«El crimen de Cuenca» llegó a las salas de cine españolas el 17 de agosto de 1981 y se convirtió en la película más taquillera. El filme de Pilar Miró recaudó la cifra de 376,7 millones de pesetas y tuvo 1.971.671 espectadores. Es decir, tuvo mejores cifras «En busca del arca perdida». «Es una película con una calidad muy alta que se vio enturbiada por el escándalo. La directora ya se quejaba que era la película del escándalo. Pero ese escándalo cambió las cosas y con él descubrimos el poder del cine. Las películas puede cambiar las cosas y esta cambia el código militar y la forma de dar licencias de exhibición a las películas. Pero también reveló que había problemas latentes en cuanto a libertad de expresión», reflexiona Víctor Matellano.

«Es importante recordar donde estamos y darnos cuenta de que hubo gente que luchó para que tengamos las libertades que tenemos ahora», concluye.