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«Leaving Neverland»

Los trucos de Michael Jackson para que no descubieran sus abusos sexuales

El documental «Leaving Neverland» donde dos jóvenes denuncian el presunto abuso sexual que sufrieron por parte del rey del pop sigue generando polémica

Michael Jackson, con uno de los jóvenes que le han denunciado por abuso sexual
Michael Jackson, con uno de los jóvenes que le han denunciado por abuso sexual - MOVISTAR+
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El documental «Leaving Neverland» ha marcado un antes y un después para la imagen de Michael Jackson. Varias emisoras de radio de todo el mundo, entre ellas la BBC, han dejado de emitir los clásicos del rey del pop y hasta Los Simpson han «borrado» el capítulo en el que prestaba su voz a uno de los personajes más queridos por el público. Desde su estreno, el ruido mediático ha venido acompañado de un duelo de acusaciones entre detractores del artista, saturados por las evidencias, y sus seguidores, que alegan que los que hoy denuncian testificaron a favor de Jackson en el juicio de 2005, del que salió libre tras un acuerdo extrajudicial.

Cada detalle que se revela «Leaving Neverland» es más escabroso que el anterior. James Safechuck, al que conoció en 1988 cuando rodaron un anuncio de Pepsi, ha desvelado cómo fue su íntima relación con Michael Jackson. «No sabía que lo que estábamos haciendo estaba mal. Solo me decía que que no nos pillaran era algo fundamental. Me decía que era nuestro secreto, que si alguien se enteraba, tanto su vida como la mía llegaría a su fin», explica Safechuck.

Su «vínculo especial» tenía que mantenerse en secreto. «Fuimos los primeros en ir a Neverland. Me dijo que esa casa era para mí», recuerda. El rancho ubicado en el condado de Santa Barbara contaba con un sinfín de escondites que Michael Jackson estudió al detalle. «Cuando estábamos en su cuarto, cerrábamos todas las puertas para que quien quisiera encontrarnos tuviera que pasar por todas ellas. En el vestíbulo de su habitación puso unas campanillas. Así, si alguien se acercaba, podíamos oír cómo tropezaba con ellas y eso alertaba a Michael. Nos besábamos y frotábamos nuestros cuerpos el uno con el otro. Practicábamos sexo oral y luego me pedía que le chupara los pezones y luego terminaba solo», relata.

Neverland también posee un «fuerte indio con cabañas. Dentro de ellas, poníamos sacos de dormir. Comíamos chucherías y practicábamos sexo». Otro de los lugares donde Jackson tenía encuentros con Safechuck estaba cerca del cuarto de juegos: «Había unas escaleras que comunicaban con otro cuarto en el que había otra cama». «También había un ático en el tercer piso. Estaba un poco escondido. Solo podías acceder a él desde unas escaleras empinadas. Era fácil saber si alguien venía», relata.

Michael Jackson contaba además con un inmueble que solo utilizaba para «guardar sus recuerdos. Tenía sus chaquetas de los Grammy, la de diamantes de imitación y su guante. Estaba lo bastante alejada para darte cuenta de si alguien se acercaba en coche. También nos acostábamos allí. Incluso en la sala de cine tenía dos habitaciones privadas con ventanales de cristal a través de los cuales podías ver la sala y también practicábamos sexo en esas habitaciones. Era un poco peligroso, peor resultaba excitante», dice.

Un secreto a voces

Su relación comenzó como la de dos amigos: «Era como jugar con un niño de mi edad». «Los besos con lengua me dijo que yo se los enseñé. De besarnos con lengua pasamos a besar otras partes del cuerpo y finalmente llegamos a los genitales. Empezó con '¿puedo besarte ahí?'», asegura. «Él me decía que era una manera normal de expresar el amor».

Según revela el propio Safechuck 30 años después, el rey del pop le regalaba joyas, incluyendo un anillo de compromiso repleto de diamantes con el que celebraron una boda cuando tenía diez años. «Nos casamos en su cuarto y en los votos dijimos que queríamos estar juntos siempre», cuenta la víctima, según recoge el Daily Mail. De hecho, Safechuck muestra en el documental el anillo de diamantes que Jackson le regaló.