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Tres idénticos desconocidos

El macabro experimento con unos trillizos que terminó en tragedia

«Tres idénticos desconocidos» cuenta la historia de Bobby Shafran, Eddy Galland y David Kellman, trillizos a los que separaron al nacer como parte de un estudio para determinar qué porcentaje de los problemas mentales viene heredado y cuál de la educación

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Cuando Bobby fue por primera vez a la universidad, todo el mundo le llamaba Eddy. No supo por qué le confundían con otro estudiante hasta que el mejor amigo de Eddy, que sabía que este no iba a volver, lo cogió por banda y le interrogó: «¿Qué día es tu cumpleaños? ¿Eres adoptado? Conozco a otra persona idéntica a ti». No es el argumento de una película sino una historia real, la de unos hermanos separados con solo seis meses. Pero no solo eran dos, sino tres. Y todo era más turbio cuanto más se escarbaba.

Bobby Shafran, Eddy Galland y David Kellman se hicieron inseparables. Además del físico, idéntico, les gustaban las mismas cosas: fumaban Marlboro, se fijaban en chicas mayores y habían practicado lucha libre en el instituto. EE.UU. los convirtió en estrellas.

Desfilaban por la televisión, sus fiestas copaban titulares y hasta Madonna les pidió que salieran en una película, «Buscando a Susan desesperadamente». Protagonizaron un circo mediático que entretuvo al país vistiendo igual y respondiendo al unísono. Todo era «sexo, drogas y rock and roll». Hasta que dejó de serlo.

«No sé si esto terminará siendo algo genial o algo terrible», se escucha decir a Eddy en el documental «Tres idénticos desconocidos», de Tim Wardle, que se estrena este viernes. Una frase que, con el tiempo, se convirtió en un tétrico augurio. Porque haber crecido en familias diferentes no fue ningún error, sino un espeluznante estudio del Doctor Neubauer, un refugiado austriaco que huyó del Holocausto para perpetuar en EE.UU. algo parecido a lo que en su país hicieron los fanáticos de Hitler con experimentos a gemelos.

La agencia de adopción se justificó en que era difícil colocar a tres niños en una misma familia. Pero, en realidad, se trataba de un ambicioso estudio para determinar qué porcentaje de los problemas mentales viene heredado y cuál de la educación. «Parecía cosa de nazis», dijo Bobby al enterarse. Un experimento cuyos resultados nunca se publicaron, y cuyos documentos no fueron revelados hasta que se estrenó el documental en EE.UU.

Los secretos se sucedieron y lo que prometía ser un feliz reencuentro terminó en tragedia. Eddy, que incluso había empujado a sus hermanos a conocer a su madre biológica, entró en una espiral de autodestrucción. No pudo soportar la idea de ser actor en su propia vida, en una ya escrita por unos psicoanalistas freudianos.