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La imposible colaboración entre Dalí y Disney que explotó por sus egos y que casi los arruina

Los dos genios se hicieron grandes amigos, aunque su trabajo juntos no fue demasiado productivo

Disney y Salvador Dalí se profesaron admiración mutua. En la imagen, ambos con Gala y los Disney en Portlligat
Disney y Salvador Dalí se profesaron admiración mutua. En la imagen, ambos con Gala y los Disney en Portlligat - Archivo ABC
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El estreno este fin de semana de Dumbo, la revisión del clásico de Disney de 1941, nos ha hecho recordar una de esas historias cargadas de anécdotas increíbles que rodean a la casa de Micky Mouse. En la historia que nos ocupa, dos genios son los protagonistas: Salvador Dalí y Walt Disney. Ambos se conocieron en el rodaje de «Recuerda», la película de Alfred Hitchcock para la que Dalí había pintado algunos fondos y decorados. Y ahí nació una amistad que los llevaría a colaborar juntos... Y que casi les lleva a la ruina.

Pero empecemos por el principio. Decía Dalí que «el verdadero pintor no es aquél que es capaz de pintar escenas extraordinarias en medio de un desierto vacío. El verdadero pintor es aquél que es capaz de pintar pacientemente una pera rodeado de los tumultos de la historia». De pintura, de escenas extraordinarias, de desiertos vacíos, de genio, de ingenio, de fantasía, de avatares históricos, de imaginación, de surrealismo y sobre todo de amistad entre dos genios Salvador Dalí y Walt Disney se puede puede calificar la historia de «Destino». Son sólo quince segundos en los que los dibujos y bocetos realizados por Salvador Dalí tomaron vida por obra de los lápices mágicos de Walt Disney y de su equipo de animadores.

El proyecto se gestó en 1946. El pintor estaba trabajando en aquellos momentos en Hollywood, en las famosas secuencias oníricas de la película «Recuerda» («Spellbound») de Alfred Hitchcock, que no llegaron a ser todo lo que él esperaba por los miedos de los productores a la fuerza y osadía de sus imágenes. Una noche, durante una cenna, Salvador Dalí conoció a Walt Disney por mediación de Jack Warner. A lo largo de la velada, tanto Dalí y Gala como el matrimonio Disney simpatizaron y comenzaron a planear hacer una película juntos.

Walt Disney, Alfred Hitchcock y Salvador Dalí
Walt Disney, Alfred Hitchcock y Salvador Dalí-Archivo ABC

Esta amistad se hizo cada vez más fuerte y, de hecho, una de las escasas visitas que Walt Disney hizo a España fue precisamente a Port Lligat, donde siguieron preparando el proyecto de «Destino». La relación de amistad y trabajo entre Dalí y Disney no resulta tan extraña como pudiera parecer en un principio. A pesar de su puritanismo, Disney se había sentido fascinado por el surrealismo y por las técnicas de vanguardia; según parece ya había comenzado a experimentar con ellas en 1939. Claro ejemplo de ello es el corto «Tocata y Fuga» que se incluyó en «Fantasía». En él, los expertos en arte encuentran reminiscencias de Kandinsky e incluso de Miró. También se hallan influencias surrealistas en «Alicia en el País de las Maravillas» y en «Dumbo».

Dalí aceptó el trabajo rutinario de oficina

En 1940, Disney revolucionó el mundo de la animación con el estreno de «Fantasía». Se trataba de un largometraje en el que se mezclaba la animación, los más modernos efectos visuales y la música. A pesar de contar con la presencia del ratoncillo, la idea de Disney era tratar de dar un paso más y ofrecer un tipo de animación para un público más adulto. «Fantasía», ese es el título de la película, tiene una duración de dos horas, y está formada por segmentos animados en los que la música es primordial. La idea de Disney era introducir cada año nuevos fragmentos, con los diseños y dibujos más modernos y con nuevas partituras de los compositores contemporáneos. En una segunda entrega de «Fantasía» iría el corto firmado por Salvador Dalí. Nadie había trabajado antes combinando el arte surrealista y la animación. Disney trataba de conseguir que el público y la crítica vieran la animación como un medio artístico tan digno y poderoso como cualquier otro. A Dalí no había que convencerle porque estaba totalmente entusiasmado con sus posibilidades, según escribía en un reportaje de ABC de 2003 Carmen Aniorte.

En un principio, Disney sólo pretendió utilizar una balada romántica del compositor mexicano Armando Domínguez, llamada «Destino» para un corto musical, cantado y bailado por Dora Luz. La palabra «Destino» le resultó particularmente sugerente a Dalí, quien de inmediato empezó a crear imágenes, dibujos y trazos para plasmar sus emociones. Aunque solía hacer lo que le venía en gana y trabajaba sin responder ante nadie, Dalí se adaptó «casi sumiso» a la rutina. Según cuentan todavía en Disney, el pintor se recluía en un estudio-taller junto a John Hench, un artista de Disney que trabajó en una serie de películas «especiales», entre las que estaban las ya mencionadas «Fantasía» y «Dumbo».

La ruina de Disney

En principio le encomendaron instruir a Dalí en las técnicas de animación, pero, al final, entre los dos desarrollaron una técnica totalmente nueva. El método, en gran parte inspirado en las teorías de Freud sobre el subsconsciente, trata de insertar imágenes dobles ocultas en cada diseño. Dalí presentaba una imagen que el espectador reconocería como una cosa y luego, poco a poco, el artista le iba forzando a reconocer formas extrañas en la imagen. Al final acaba viéndose algo totalmente distinto.

El resultado de todos los desvelos quedó reducido a quince segundos de imágenes surrealistas en movimiento que quedaron enlatadas y almacenadas en un contenedor de un remoto almacén de los estudios. ¿El motivo? La empresa estaba en un momento económico terrible en aquel 1946.

Parte de ese mal momento económico era culpa de «Fantasía», cuya primera entrega no entusiasmó al público. Desde el Banco de América le habían cortado el crédito. La compañía se enfrentaba a deudas cada vez mayores. Era tan delicado el momento que tuvo que aceptar un préstamo sin intereses del multimillonario Howard Hughes. El éxito un año más tarde de «Dumbo» no fue suficiente. Y además, la guerra imponía sus reglas. El mercado Europeo estaba cerrado para este tipo de producciones y el interior tampoco se mostraba muy receptivo.

Por otra parte, los grandes estudios, en gesto patriótico, se dedicaron a la producción de películas pensadas para alegrar y levantar la moral a las tropas. Muchos de estos «servicios a la patria», aunque no eran realmente gratuitos, Disney nunca llegó a cobrarlos y el estudio tardó bastante tiempo en recuperarse de ese esfuerzo. Ante esta situación, los directivos de la compañía decidieron que las películas de gran metraje, entre las que se encontraba el proyecto de «Fantasía» y el trabajo con Dalí, quedaban aplazadas sine die, aunque, para recuperar algo de la inversión, no se descartaba emplear las secuencias que ya se hubieran rodado como cortometrajes antes de los pases de las programaciones habituales en los cines.

Así que, entre los asuntos económicos y la falta de confianza en el producto de Roy, el hermano de Disney encargado de los asuntos legales de la empresa, «Destino» se fue definitivamente al traste. Además, Roy Disney se cuestionó si los surrealista dibujos de Dalí serían aceptados por el público norteamericano y si este producto iba a gustar a los exhibidores cinematográficos, bastante convencionales y previsibles. Ahí entraron en juego varios factores. Por un lado, la lucha de egos entre Dalí y algunos sectores de la compañía que impedían que el proyecto avanzara con normalidad. Hay datos muy exagerados (quizá por el tiempo) que revelan las trabas que hubo, como que en ocho meses de trabajo apenas se hicieron 150 storyboards y 22 lienzos en los que Disney había despilfarrado 4.3 millones de dólares. Ni una subasta posterior de ese material en Nueva York redujo las pérdidas.

Aunque Salvador Dalí se sintió decepcionado por los acontecimientos, en el fondo siempre albergó la esperanza de que los malos tiempos pasarían y que «Destino» llegaría a proyectarse en salas comerciales. Además, la amistad con Walt siguió intacta: . «Le considero un amigo. Nuestra relación laboral fue muy alegre, por si alguien se lo pregunta. Dalí no es el culpable de que este trabajo en el que los dos estábamos inmersos no se haya completado», escribió el genio de la animación, para el que el «asunto Dalí» fue una espinita clavada en lo más profundo de su orgullo y de su ambición profesional. A pesar de estos tropiezos, la amistad entre ambos y la comunicación de ideas no cesó, por más que muchos asegurasen que la relación se había enfriado.

Resultado final

60 años después, el sobrino de Walt Disney, Roy E. Disney se encontró en los archivos de la major los restos del proyecto surrealista. Le encargó a un equipo ponerse en marcha para actualizar y completar ese material. Tras meses de trabajo, estrenaron el corto «Destino. El encuentro de dos grandes genios», que estuvo nominado al Oscar en 2003. Sus 6 minutos, íntegros en Youtube, son mágicos.