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Wes Anderson ilumina el arranque de la Berlinale

Por primera vez, una película de animación «stop-motion», «Isla de perros», inaugura el festival, que este año celebra su 68 edición

Wes Anderson, con todo el reparto de la película, que le ha acompañado en su estreno berlinés
Wes Anderson, con todo el reparto de la película, que le ha acompañado en su estreno berlinés - REUTERS
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Hay películas capaces de iluminar una tarde de domingo. Son películas que, a pesar de su fotografía oscura, o de lo tétrico que resulte el tema que tratan, pintan una sonrisa en la cara del espectador y le sirven para escapar a otros mundos y a otros tiempos. Escapar, en definitiva, de su cabeza. Ayer, en el arranque de la edición número 68 de la Berlinale, la «Isla de perros» de Wes Anderson funcionó como esos clásicos que alegran las largas horas de sofá y manta. Despejó los nubarrones del festival y generó una ola de buenas críticas y aplausos.

El festival de Berlín se había ido aproximando a su arranque en este 2018 entre declaraciones fuera de tono de su director artístico sobre el movimiento #MeToo y el caso Weinstein, y también entre manifiestos de cineastas que pedían repensar la muestra de clase A más gourmet del continente. Pero la cinta de Anderson lo cambió todo. Y la rueda de prensa posterior a la proyección lo subrayó aún más: el reparto cantó canciones ante la prensa y provocó carcajadas, y no recibió ni una sola pregunta con la palabras «Weinstein» o «abusos». Contra todo pronóstico.

Origen

En «Isla de perros», Wes Anderson mezcla dos ideas que venían rondando su cabeza desde hacía tiempo. El director de «Fantástico Sr. Fox» o «El Gran Hotel Budapest», la cinta que inauguró Berlín hace cuatro años, quería contar una historia de perros abandonados en un basurero y, a la vez, homenajear a los maestros japoneses del cine. Y el resultado de esa mezcla es la historia de Atari, un niño nipón que busca desesperadamente a su perro Spots en una ciudad imaginaria. La aventura le lleva hasta una isla llena de desperdicios, a varios kilómetros de la costa, en la que el alcalde de la ciudad está confinando a los perros, afectados por una extraña gripe.

«Tuvimos que inventarnos todo un entramado político para la película», dijo Anderson en un encuentro con la prensa. «Y lo que se ve en la pantalla –un mandatario déspota, que extorsiona y mata en su cruzada contra los canes– no se parece en nada a Japón, donde está ambientada la historia, sino más bien a Texas. Es todo inventado, pero el mundo ha cambiado mucho a medida que hacíamos la película, y todo lo que ha ocurrido a nuestro alrededor ha encontrado la manera de colarse en la historia». Como referencias citó a Kurosawa, al maestro japonés de la animación Miyazaki... y a «La dama y el vagabundo», de Disney. Ni rastro, curiosamente, de Cruella de Vil.

Figuras reales

Han sido años de trabajo para el equipo. De animar los personajes muy poco a poco mediante la técnica «stop-motion», que requería que muchos de los caracteres y los escenarios fueran construidos de verdad. «No hay nada en toda la película que se pueda clasificar como ‘efectos visuales’ puros, todo está basado en miniaturas, grandes y pequeñas. Aunque algunas tendrían que ser tan grandes que podrían ocupar toda esta sala, así que tuvimos que ingeniárnoslas para no salir de nuestras posibilidades», confesó el director durante la rueda de prensa en Berlín.

A su lado, el inmenso reparto de voces de la cinta, formado por muchos de sus colaboradores habituales. A la cabeza Bryan Cranston, el protagonista de la serie «Breaking Bad», que da vida al líder de la banda perruna que ayuda al niño, y a la que pertenecen Bill Murray –especialmente hilarante–, Edward Norton, Jeff Goldblum y el veterano Bob Balaban. Cuando el moderador le presentó, todos los actores comenzaron a corear su nombre al ritmo de la canción «Barbara Ann».

Además, el perro que busca el pequeño Atari está interpretado por Liev Schreiber, y Greta Gerwig, nominada a dos Oscar por «Lady Bird», presta su voz a la perra Tracy, clave para el desarrollo de la historia. Tan larga era la nómina de actores que algunos de los ilustres, como Tilda Swinton, tuvieron que sentarse entre el público. «He venido tantas veces a Berlín desde que traje la primera película que hice, que solo me falta ponerme a limpiar. Probablemente lo haga el año que viene», dijo la intérprete entre risas.

Con la película de Anderson, que compite por el Oso de Oro, arranca una Berlinale con una evidente falta de glamour pero con un sabor marcadamente europeo. Estarán aquí el exvampiro Robert Pattinson y el extodo Joaquin Phoenix, pero lucharán por robarles el protagonismo la sueca «The real estate», sobre una anciana que hereda un edificio de apartamentos, o la noruega «Utoya 22 de julio», sobre los atentados del año 2011. También dará que hablar la «Eva» de Benoit Jacquot, una nueva aproximación a la cinta de Jeanne Moreau de 1962... pero esta vez con Isabelle Huppert en el cartel.

Españoles

España tendrá una representación muy similar a la del año pasado: es decir, menor. Nada en la sección oficial. En Panorama, además de «La librería» de Isabel Coixet, muy querida por la Berlinale, participará «La enfermedad del domingo», del director Ramón Salazar. Es un drama muy frío sobre dos mujeres, Bárbara Lennie y Susi Sánchez, que se reencuentran tras una larga separación. Destaca también entre la oferta española un documental sobre las víctimas del franquismo producido por Pedro Almodóvar.

Ahora, el reto para quienes en el invernal Berlín ven las películas y hacen las entrevistas es que no se les congele la sonrisa que les ha pintado Wes Anderson en la cara.