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La adorable bisabuela comunista que filtró información nuclear a los soviéticos durante 40 años

Melita Norwood fue detenida en 1999 en Londres tras ser desenmascarada como una de las principales espías de los rusos en Occidente. Sus filtraciones dieron a la URSS una ventaja vital en la carrera armamentística

Esta Semana Santa se estrena «La espía roja», con Judi Dench en el papel de la anciana espía

Melita Norwood, a las puertas de su casa, tras ser interrogada por agentes del servicio secreto
Melita Norwood, a las puertas de su casa, tras ser interrogada por agentes del servicio secreto
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En 1999, los británicos descubrieron consternados una red de espías que parecía sacada de la mente de John le Carré. Había dos diputados, profesores, estudiantes... Y una anciana de 87 años, ya bisabuela, a la que los enlaces del KGB llamaban con el seudónimo de «Hola». Fue desenmascarada y los titulares del corresponsal de ABC muestran, veinte años después, cómo se lo tomó la sociedad: «Sorpresa: Una anciana de 87 años se revela como "estrella" de la KGB en Gran Bretaña». Otro: «¿Fue espía el arzobispo de Canterbury?». Y otro más, ya locos todos: «La "abuelita espía" es una "santa"».

La bisabuela de 87 años, de esas que siempre saludaba en el barrio, se llamaba Melita Norwood y pasó información a los soviéticos durante cuarenta años, desde 1937 hasta 1979. Veinte años después, por un «error» de un excompañero, fue descubierta Las crónicas de la época revelaban que sus filtraciones al KGB fueron determinantes durante la Guerra Fría y ayudaron a la URSS en la carrera armamentística.

«Melita Norwood comenzó a espiar para la Unión Soviética en 1937 y desde su puesto de oficinista en la Asociación para la Investigación de Metales no Ferruginosos pudo pasar secretos que aceleraron en dos años la fabricación de la bomba atómica soviética», arrancaba su crónica el corresponsal de ABC José Manuel Santos citando la investigación del diario «The Times», que comparaba a Melita con los «Cinco Magníficos» del espionaje ruso en Gran Bretaña.

«Sus filtraciones al KGB fueron determinantes durante la Guerra Fría y ayudaron a la URSS en la carrera armamentística.»

Medalla soviética

Igualar a Melita con Kim Philby, Guy Burgess, John Cairncross, Donald Mclean y Anthony Blunt es, visto con la perspectiva del tiempo, una exageración. Ellos tenían puestos tan sensibles como el enlace entre los servicios de Inteligencia británico y norteamericano (Philby). Cierto es que a Melita no se la podía comparar con los cinco, pero ninguno de los cinco, en individual, puede igualarse a Melita. Cuarenta años de servicio y una condecoración desde la URSS (que nunca recogió) avalan su trabajo como agente doble.

La historia de Melita Norwood llega este miércoles a los cines de mano de Judi Dench. La veterana actriz protagoniza «La espía roja», basada en la historia real de una mujer que justifica su acción a través de sus ideales: «Quería ayudar a impedir la derrota de un nuevo sistema que había, a un alto coste, dado a la gente de a pie alimentos y precios que podían permitirse, ofreciéndoles educación y un servicio de salud», dijo en una improvisada rueda de prensa a la puerta de su casa cuando fue descubierta y antes de ser arrestada.

En los flashbacks a la juventud de Melita Norwood es la actriz Sophie Cookson la encargada de meterse en la piel de la espía. Un agente que en sus primeros años de servicio argüía que había tomado la decisión por amor y para evitar un desastre nuclear.

A la caza de «Hola»

A diferencia de las películas de espías, donde el héroe derrota al villano con una jugada arriesgada que sólo él es capaz de pergeñar, en la relidad la captura de Melita fue por un error humano. O un descuido. O otro agente doble del que nunca se sabrá realmente sus intenciones. Sea como fuere, el responsable fue Vasili Mithrokin, un exagente del KGB que tras la caída del Muro de Berlín se fugó al Reino Unido con un dosier repleto secretos de Estado. Entre las carpetas que guardaba, la relativa al «Agente Hola», que acabó años después en las manos correctas.

En ese dosier se descubre la biografía de la señora Norwood. Se casó con un sindicalista que, como ella, militaba en el Partido Comunista. Pronto se decidió a colaborar con la Inteligencia soviética con la intención «de ayudar a poner en pie de igualdad a la URSS con Gran Bretaña, los Estados Unidos y Alemania». Era 1937 y la II Guerra Mundial asomaba ya en el horizonte.

Sus acciones, según desgranó el corresponsal de ABC, fueron clave para el desarrollo soviético: «Con toda tranquilidad, la señora Norwood retiraba periódicamente documentos de la caja fuerte del centro, los pasaba a su oficial de enlace, éste los fotografiaba y luego la espía los devolvía a su sitio. Según parece, el funcionamiento del centro era algo caótico y de hecho desapareció en 1979 por su incapacidad para gestionar los nuevos métodos de investigación. Sea como fuere, gracias a la señora Norwood, Stalin sabía más sobre la marcha de la bomba atómica británica que los mismos ministros del Gobierno Atlee».

Pese a lo que pudiera parecer, la vida de «Hola» no era una película de espías con acción desenfrenada y grandes lujos. Melita nunca quiso cobrar de la KGB cuando filtraba los documentos, ni siquiera cuando en 1979 le ofrecieron pasarle discretamente una «pensión» de forma discreta. «Hola» no era James Bond. Vivió toda su vida en una humilde casa a las afueras de Bexleyhead junto a su marido, con el que formó una familia y criaron a sus hijos, nietos y bisnietos.

Como contábamos al principio, la sociedad británica reaccionó a la noticia de la detención con estupor. De hecho, el Ministerio del Interior se informó a la prensa de que no se iba a hacer una acusación formal contra la exespía. Hasta que la titular del ministerio de Defensa reaccionó: «La traición nunca es perdonable».

En el vídeo te ofrecemos, en exclusiva desde ABC Play, la escena de «La espía roja» en la que Judi Dench habla con la prensa en la puerta de su casa.

En 2005, ABC publicó el obituario: «Melita Norwood, considerada la espía británica más importante reclutada por los servicios secretos de la desaparecida Unión Soviética, ha muerto a los 93 años, según ha informado su hija, Anita Ferguson. Norwood, cuya labor de espionaje salió a la luz pública hace seis años, pasó durante cuarenta años informaciones relevantes a la KGB y era conocida como «Hola» por los servicios secretos. Expertos en espionaje han comparado la traición de «Hola» con la del famoso grupo de los «cinco de Cambridge».