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La adicción que Clint Eastwood adquirió tras su paso por España

En 1963, un hasta entonces desconocido Clint Eastwood aceptó un rodaje en España, más que por el dinero, por pasar unos días en un «país tan exótico» para un californiano como él. Fue el comienzo de su verdadera carrera al estrellato

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La carrera de Clint Eastwood no sería la que hoy es si, en su camino, no se hubiera cruzado con el director Sergio Leone. El ‘padre’ del spaghetti western no era muy conocido en Hollywood cuando empezó a rodar en España en 1963 «Por un puñado de dólares», y mucho menos lo era el actor estadounidense. Para entonces, Eastwood trabajaba en la serie de televisión «Rawhide», pero tenía un papel del que hasta él mismo estaba aburrido.

Mientras, en Europa, Leone, un apasionado de las películas del Oeste, ya daba sus primeros pasos para inaugurar un género propio tan importante que después influiría en otros directores como George Lucas, Martin Scorsese o Quentin Tarantino. Tras intentarlo con otras caras entonces más conocidas (Henry Fonda, Charles Bronson...), el papel fue a parar y a cambiar la vida de Eastwood, que vio, más que una oportunidad de saltar a la fama, la de pasar tres meses en la España de 1963 junto a su esposa. Su sueldo, de hecho, fue de apenas quince mil dólares.

Clint Eastwood, enganchado sin remedio al tabaco tras el rodaje
Clint Eastwood, enganchado sin remedio al tabaco tras el rodaje -

«Por un puñado de dólares», que se rodó entre Madrid y Almería, fue la primera de la llamada «Trilogía del dólar» del director italiano. Completaron la serie «La muerte tenía un precio» y «El bueno, el feo y el malo». Leone, que se crió entre rodajes que los grandes estudios estadounidenses producían en Italia, rompió con las normas establecidas, como el Código Hays, que decía lo que se podía y lo que no se podía mostrar en pantalla y que funcionaba como autocensura para los creadores. Mostró, y con gran éxito, que un actor podía recibir una bala y morir en el mismo plano. Estaba inaugurando así una nueva forma de narrar y, también, de mostrar la violencia en el cine.

Un rodaje caótico

Eastwood encontró en España un rodaje «de locos» en el que se veían obligados a repetir las mismas tomas tres veces «por si acaso las perdían en el laboratorio» y en el que cada uno de los actores hablaba en su propio idioma. Los vecinos de los pueblos más recónditos de Almería, en pleno desierto, hacían de anfitriones al equipo de rodaje, que, tal y como recoge María Herreros en «Marilyn tenía once dedos en los pies», se vio obligado a aprovechar la grúa de otra grabación durante el parón de Semana Santa porque no podían costearse una propia.

Sergio Leone
Sergio Leone

Pese al caos y a la difícil relación que mantenían actor y director por aquel entonces, gracias a la oportunidad de Leone, Eastwood empezó a interpretar al Hombre sin nombre, que le cambiaría su futuro. Al director no le bastaba con cualquier cosa. Quería tanto realismo en su película que no dejaba a nadie moverse durante el día anterior al rodaje para que no enturbiaran la atmósfera, y convenció al actor para que comenzara a fumar pese a ser un concienciado antitabaco. Tampoco le bastaba con fumar tabaco «de verdad» durante la grabación: tenía que engancharse realmente para que no quedara falso, y así continuó durante varios años, adicto sin remedio al tabaco.

El puro, el poncho y el sombrero (que Eastwood se llevaba tras el rodaje para asegurarle de que no lo perdía, pues no tenían otro de repuesto) son la esencia del Hombre sin nombre, de un Eastwood que, muchos años más tarde, en 1992, dedicó a su «primer gran director» la exitosa «Sin perdón», una particular despedida al género del western al que lo aficionó, pese a todo el caos, el director italiano.

Acusado de plagio

Pero no todo fueron buenas noticias. Akira Kurosawa, tras ver la película, escribió a Leone para felicitarle por «su adaptación». Lo estaba acusando de plagiar «Yojimbo» (1961), y al final tuvo que cederle los derechos de distribución de su película en Japón. Según cuenta Herreros en su libro, solo con ese dinero ganó más que lo que jamás recaudó con su filme.

Una vez conseguido el éxito y el reconocimiento internacional, Leone pudo trabajar con los actores que realmente quería desde el principio. En la que es una de sus mejores películas, «Hasta que llegó su hora», dirigió, por fin, a Henry Fonda, acompañado por una magnífica Claudia Cardinale, que se convirtió en la primer mujer que tenía un papel complejo en uno de sus trabajos. El inicio de esta película está considerado como una de las mejores aperturas de la historia del cine.