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Crítica de «La última lección»: Trama sobresaliente, suspenso en optimismo

La película de Sébastien Marnier dista de ser la típica película escolar, por lo general un retrato del sistema o de alguno de sus héroes

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El romance del cine francés con la enseñanza, asunto que se toman muy en serio ahí arriba, puede llevar a equívocos. «La última lección» dista de ser la típica película escolar, por lo general un retrato del sistema o de alguno de sus héroes. Aquí la originalidad se siente desde la primera escena y se dispara cuando descubrimos que estamos ante un grupo de alumnos con altas capacidades. Los chicos, inteligentes y terroríficos, reciben de uñas al nuevo maestro. En ese sentido, es imposible no recordar películas de otros géneros.

El misterio está sobre la mesa, o en la pizarra, y el espectador se embarca en la búsqueda de la verdad, presumiblemente inquietante, de la mano del voluntarioso profesor novato. Después de la sorpresa inicial, los guionistas Sébastien Marnier y Elise Griffon, que adaptan la novela de Christophe Dufossé, saben incrementar la tensión con calculada calma, nada lenta. La cabeza del espectador sigue disparada mientras se amontonan las sospechas en múltiples direcciones, casi ninguna buena.

La sucesión de imágenes perturbadoras, a menudo incómodas, a lo Haneke, dejan aflorar una violencia no siempre soterrada. Los pequeños genios resultan cada vez más insoportables, encaminados hacia un desenlace que parece imposible adivinar. El ejercicio de estilo resulta impecable hasta el final, lo que compensa el mal cuerpo que puede dejar, no solo por el pesimista mensaje. Ahora bien, un poco de calor tampoco habría estado de más.