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Crítica de «Leto»: La movida en la Rusia inamovible

Magnífica y apasionada reconstrucción en blanco y negro de la aventura pionera del rock en la Unión Soviética de principios de los ochenta

El filme reconstruye la escena "underground" de Leningrado de mediados de los años 80 durante el último verano antes de la perestroika
El filme reconstruye la escena "underground" de Leningrado de mediados de los años 80 durante el último verano antes de la perestroika
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Magnífica y apasionada reconstrucción en blanco y negro de la aventura pionera del rock en la Unión Soviética de principios de los ochenta, apoyada en fogonazos biográficos del músico Viktor Tsoi, motor y alma de una «movida» junto a Mike Naoumenko, que reproducía tonos y modelos anglosajones y chocaba frontalmente con todo el aparato de la realidad. El director y autor teatral Kirill Serebrennikov, que no pudo asistir al estreno en Cannes de su película por estar condenado a arresto domiciliario, combina para atar su historia varios ejes dramáticos, fundamentalmente el hilo musical y un entrelazado entre la amistad y el amor a tres bandas. También combina a la perfección su interior cálido con una atmósfera gélida y un memorable sentido de la secuencia y del hallazgo visual (desde la animación a la fantasía), muy alejado de lo que se podría considerar convencional. Donde sí expone con orgullo esta película sus influencias es en lo musical, en lo que le envía al oído y el corazón del espectador, con un peculiar batido de clásicos del rock mítico y su conversión al ruso. Probablemente haya que ser más curioso e inquieto de lo normal para disfrutarla, pero merece la pena el viaje.