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Crítica de «Hellboy»: El del Averno sin cuerno en Camelot

Este Hellboy, que tanto se parece al «taurino» original (aunque debajo de su máscara ya no esté Ron Perlman) sigue la moda actual de imbuir de humor los relatos de superhéroes y villanos

Imagen de «Hellboy»
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Es curiosa la hostilidad con la que han recibido crítica y público esta historia de origen del chico del infierno sin cuernos, Hellboy. Lo primero debe ser por lo bien que nos cae a todos Guillermo del Toro, el padre de la criatura, que aquí no figura en los créditos por parte alguna. Lo segundo se entiende menos porque este Hellboy, que tanto se parece al «taurino» original (aunque debajo de su máscara ya no esté Ron Perlman) sigue la moda actual de imbuir de humor los relatos de superhéroes y villanos.

Según esa escala, las réplicas de Hellboy tienen más gracia que las de Aquaman y el último Deadpool, y están al nivel de las de Ant-Man (vean a lo que se ha reducido la crítica de cine: el Critic-Man afectado por los sargazos del tebeo). Pero donde esta película sobrepasa los límites del humor para rebozarse en la autoparodia es en los complementos. La acción transcurre en la pérfida Albión, en vez de en «Gotham», y antes de que uno pueda preguntarse por qué, ya nos endilga un prólogo artúrico con brujas y reyes milenarios. Sin ruborizarse, añade también a Merlín y lo de la espada que cuesta sacar más de la roca que los antiguos cds de su funda plástica.

En fin, un desmadre ante el que más vale aplicar eso de, Relájate y disfruta (yo lo hice y funcionó). Añadir que también aparecen los siempre estimulantes Ian MacShane y Milla Jovovich no es sino un plus para coleccionistas.