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Crítica de «Beautiful boy»: Los efectos de la droga y el melodrama

Musical, emocional y dramáticamente también es la película un ejercicio de continua sobredosis, y puede resultar efectista y reiterada en su tratamiento del drama

Imagen de Beautiful boy
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Los protagonistas son Timothée Chalamet, joven actor de moda desde que hizo «Call me by your name», y Steve Carell, muy alejado de sus habituales personajes cómicos. Y la historia es tremenda y está basada en las propias memorias de sus personajes reales, un joven atrapado en la condena, al parecer perpetua, de la metanfetamina, un potente psicoestimulante muy adictivo y de efectos devastadores, y el angustioso recorrido vital que hace su padre para apartarlo de la adicción hasta que comprende lo imposible de su empresa (momento desesperado cuando decide quitar de las paredes de la casa las fotos de su hijo).

El director, Felix Van Groeningen, arranca el relato ya en un presente irresoluble, pero lo «adorna» con imágenes del pasado, los recuerdos de un padre y su maravilloso hijo pequeño: la película es el presente, la adicción, la insufrible relación entre ellos, y esos recursos de «flashback» le añaden estampas de tiempo feliz a la realidad tormentosa de los sucesos que viven. Musical, emocional y dramáticamente también es la película un ejercicio de continua sobredosis, y puede resultar efectista y reiterada en su tratamiento del drama (el abandono y vuelta a la droga es el “leitmotiv” narrativo), pero también está tratado de un modo que refuerza la impresión de autenticidad, de relato que se cuenta desde dentro y sabiendo de lo que se habla.