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Música

Tripulante y Crucero: «Damos pinceladas de varios estilos para hacer un retrato impresionista»

La banda afincada en Madrid presenta su nuevo disco «Meseta Selva» en la sala Moby Dick

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En la escena independiente nacional hay unos grupos que quieren «sonar como» o «parecerse a», y otros que prefieren buscarse a sí mismos. Tripulante y Crucero combo capitaneado por Javier Peña y Ernesto Vena, acaba de volver a demostrar que milita en el segundo «bando» con su tercer disco, «Meseta Selva», un artefacto que sopla bossa, afrobeat, jazz, funk o hasta flamenco dentro de un globo pop que se expande hasta el infinito sin llegar a romperse. Lo presentan este viernes 18 de mayo en la sala Moby Dick, en una velada que abrirá su compañero Íñigo Coppel, «el cantautor tranquilo».

La combinación de elementos en vuestra música es sorprendente. ¿Cómo fue el camino que os llevó hasta esta propuesta sonora?

(Javi) Ernesto y yo teníamos una banda anterior, y en un momento dado allá por el 2010, nos apeteció darle un giro a nuestra música y abrir nuevos horizontes. La combinación de mis raíces canarias, como archipiélago puente entre los continentes europeo, africano y Sudamérica, con la atracción que a su vez ha sentido siempre Ernesto por músicas como la brasileña o la cubana, y discos como el «Graceland» de Paul Simon, nos hicieron embarcarnos en esta particular aventura.

Hay algunas bandas apostando por fusiones más o menos comparables a la vuestra, ¿qué dirías que caracteriza vuestro discurso propio?

(Ernesto) Bueno, nosotros mezclamos sin prejuicios música brasileña, africana, jazz, funk, algo de rock y cantamos en español, escribiendo letras acerca de aquello que nos rodea: yo creo que de ahí sale un estilo muy personal con pinceladas de aquí y allá que hacen un retrato impresionista.

¿La era de internet está derribando prejuicios y barreras estilísticas? ¿O hay guetos musicales, como siempre los ha habido?

(Javi) La música indudablemente está más accesible que nunca para el oyente y las opciones de escucha son prácticamente infinitas. Aun así, sigue habiendo escenas musicales más abiertas y otras más cerradas, como siempre ha ocurrido. En nuestro caso particular, nos gusta ver la música con una mirada abierta, sin prejuicios. Nos gusta que quien se acerque a nuestras canciones, lo haga dejándose llevar por las sensaciones que le transmite, por el viaje que le proponemos, sin pararse a pensar si esto es más o menos moderno, o si se parece más a eso o a aquello. La música es lo que uno siente cuando la escucha.

¿Qué os hace sentir la definición de «rara avis»? Suele verse en las reseñas sobre vosotros...

(Ernesto) Sí, es cierto. Nos movemos en el circuito de bandas independientes y muchas de ellas tienen fuertes influencias de música anglosajona: al principio la propuesta sorprende, pero después notamos que tanto el público como los críticos entienden la propuesta y que les gusta.

¿Qué significa el título del disco?

Poca gente nos lo ha preguntado, pero «Meseta Selva» simboliza a Madrid. La ciudad que nos ha acogido y unido como personas y como banda. Una enorme urbe de cemento en mitad de una meseta, que esconde su propia selva, fauna e idiosincrasia. No hace falta irse a otro continente o al borde del mar, por ejemplo, para que una ciudad tenga su propio e intrínseco exotismo.

¿Cómo fue el trabajo de estudio en dos lugares diferentes? ¿Llegasteis allí «a tiro hecho», con las canciones muy pulidas? ¿O por el contrario tomaron la forma final allí mismo?

(Ernesto) Si, hicimos una labor de pre-producción muy larga y cuidada, con mucho ensayo previo, trabajo de ordenador... y en el estudio lo reprodujimos tal cual lo llevabamos preparado. José Nortes (Coque Malla, Ariel Rot) aportó un estudio con un equipamiento perfecto para grabar percusiones, bajos, guitarras, ambientes y en el estudio de Pepe Bermejo (Happy Losers, Mamá) grabamos las voces, coros, teclados... convertimos estudios de rock en estudios de «world music».

¿Cuál es la historia del sello Mont Ventoux, y qué perspectivas tiene para el futuro próximo?

(Javi) Mont Ventoux, nace apenas hace año y medio, tras el fin del proyecto Gran Derby Records. Nacho y yo decidimos montar un nuevo proyecto discográfico por nuestra cuenta, ahora también editorial de libros. El núcleo de personas cercanas al sello seguimos siendo prácticamente una familia, y continuamos viviendo cada hito o cada nueva publicación con la ilusión de unos quinceañeros. El 2018 está siendo sin duda un año clave, y un espaldarazo para la futura viabilidad de Mont Ventoux: la publicación del libro «Héroes» (compendio entre fútbol, superhéroes y el comic, con ilustraciones de Ricardo Cavolo), el debut de Marem Ladson o el nuevo disco de Alondra Bentley a la vuelta del verano, entre otros, hacen que estemos más motivados que nunca.

«La situación en la SGAE nos parece muy preocupante»

Además de Moby Dick, ¿dónde os podremos ver próximamente? ¿Cómo se presenta el festivaleo para vosotros?

(Ernesto) Tenemos un concierto en el Museo Francisco Sobrino -Guadalajara- (16 de junio) y otro en el Mercado de Barceló -Madrid- (22 de junio). Vamos poco a poco y esperamos tocar mucho más hasta final del año. Podéis seguir nuestro día a día en nuestro perfil de las diferentes redes sociales.

¿Por dónde podemos esperar que tire la onda sonora del grupo en el futuro? ¿El plan es seguir investigando estos sonidos? ¿O puede que haya cambios más radicales hacia otros territorios?

(Javi) Con el disco prácticamente recién estrenado, no nos hemos parado aún a pensar por dónde nos llevarán las futuras composiciones. Si tuviera que apostar a día de hoy, diría que seguiríamos girando aún más hacía Brasil, y hacia canciones todavía un poco más acústicas, naturales y básicas en cuanto instrumentación. Un par de guitarras españolas, unas percusiones de fondo y unos acordes de bossa nova.

Como banda independiente, ¿hasta qué punto os importa lo que está sucediendo ahora mismo en la SGAE (la enésima pelea interna, la rueda, etc...)?

Nos parece algo muy preocupante, puesto que la imagen que transmite este tema perjudica a la profesión y produce un rechazo hacia la propia institución y a los autores a los que representa, que ya de por sí lo tienen bastante difícil en un país donde se les ve como una industria de entretenimiento, no cultural.