LA FAMILIA Y UNO MÁS. El 'Poemita' y el 'Poema' con Miguel, Antonio y Paco.
Jerez

La vida es un 'poema' en la plaza Rafael Rivero

El establecimiento fue abierto en 1997 y se encuentra en la antigua Puerta de Sevilla de la muralla de Jerez, donde se degustan los caracoles ibéricos, el plato más demandado

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Si para Marisol el mundo era una tómbola, para Francisco Javier García Salado todo lo que sale del contexto habitual diario suele ser un poema. Así se le conoce desde hace años; los clientes de su bar, los cofrades de la Amargura, sus propios hermanos y así bautizó a su local de la plaza Rafael Rivero.

«En la hermandad cada vez que alguien hacía una trastada decía que había hecho un poema y así me dejaron hasta el día de hoy».

Un local que abrió sus puertas en marzo de 1997 y es uno de los más veteranos de un zona notablemente hostelera.

«Yo trabajaba por aquella época en la estación del AVE en Sevilla y un día que pasé por la plaza vi que la habían peatonalizado y arreglado, así que me paré para ver algunos de los negocios que estaban vacíos y elegí en el que estoy desde entonces. Creo que antes era una ETT lo que había aquí».

Junto al Poema, afronta cada jornada laboral su hermano Antonio y los «amigos Paco Soto y Miguel». No hace mucho ha sido participe junto con su mujer en la llegada al mundo del Poemita, aunque asegura que «no va a heredar el bar, lo que tiene que hacer es estudiar. Me gusta mi trabajo, pero la hostelería es muy dura».

Comenta Francisco Javier que a su establecimiento va todo tipo de público, gente joven y gente mayor: «Vienen a comer y a tomarse unos vinos porque es un lugar muy tranquilo. Está la plaza con todas las terrazas de los bares llenas y no se escucha ni un murmullo».

Como todo bar tiene muchas historias que contar y accede a que seamos complice de una de ellas: «Una vez, entre todos los bares de la plaza contratamos al Escalichao para que descalichara las paredes y después pintarlas. Cuando acabó se tuvo que ir y no apareció en tres meses por aquí. Dejó las paredes llenas de manchas como el caballo de la Pipi Langstrump».

Hablando de la manduca, hay que tener en cuenta muchas de la propuestas gastronómicas del bar El Poema. En esta fechas sin duda el plato estrella son los caracoles ibéricos: «Los rellenos yo mismo» aclara Francisco Javier entre risas. Cada dos días hay que hacer una olla nueva de caracoles porque suele ser un plato muy demandando por los clientes de este local añejo, muy jerezano y angosto, pero lo del espacio es lo de menos, es el verdadero encanto del establecimiento.

El Poemita es un montadito de filete, jamón y salmorejo, una delicia, sobre todo si se va con críos. Aunque la carta es extensa, es justa para picotear y disimular la hambruna hasta que se vuelva a casa. Unos veinte más o menos.

En el caso de las tapas las anchoas del Cantábrico, el chorizo al vino de Jerez; sea con oloroso, dulce o fino, a gusto del consumidor, las albóndigas de la casa y las salchichas al vino son las más demandadas por el público, aunque podemos atrevernos con otras proposiciones, como los palmitos y las yemas de espárrago, al vinagre o con mahonesa.

Las especialidades de esta casa -los panes- pueden ser de pescado o de ibéricos, todos bien impregnados con aceite de oliva.

Por último, si el parroquiano se decanta por las tablas ibéricas también se lo puede montar con una tabla serrana, que a unos cuantos kilómetros al norte también hay rica chacina y cerdos bien curaos.

Y si un día se llega desde casa comido, pues nada, unos cubatones con mucho hielo para compartirlos hasta que el jefe eche el cierre con los amigos y una buena charla. Lo dicho, la vida en la plaza Rafael Rivero es un poema, algo siempre ocurre.