CÁDIZ

Coros para el edil anarquista


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Era un hombre alto, espartano, al que los retratos de la época presentan siempre con gafas oscuras. La figura de Fermín Salvochea, primer alcalde republicano, el «Cristo Anarquista», el amigo de los pobres, el azote de los burgueses, el literato, editor y político, pervive aún en la ciudad que le vio nacer. En los años ochenta, la chirigota de los Guardas del Coto de doña Paca le dedicaron un pasadoble. Pero en su nombre también se han compuesto tangos y coros.

Salvochea llegó al mundo en la plaza de las Viudas, el 1 de marzo de 1842. Su padre, un comerciante rico que también se dedicó a la literatura, le mandó a estudiar a Londres. Una estancia que fue definitiva para su formación. Regresó a los 21 años dispuesto a luchar por sus ideales, que pasaban por el internacionalismo, la negación de Dios, y el socialismo. Se involucró en las revueltas de 1868. Con la llegada de la I República fue elegido alcalde. Era un hombre de acción, al que no consiguió doblegar ni el aislamiento en una celda oscura y húmeda en Valladolid (por negarse a asistir a misa). Tras un tiempo en Madrid regresó a principio de 1907. Cuenta Pedro Vallina que una multitud de obreros fue a recibirle a la estación. Su entierro también congregó a millares bajo una lluvia torrencial.