FANTASÍA. Rafael Marín publica ahora en un solo tomo la que fuera su segunda novela . / G.H.
RAFAEL MARÍN ESCRITOR

«Quise escapar de Tolkien y mirar hacia Homero»

Acaba de publicar en Minotauro 'La Leyenda del Navegante', una «fantasía mediterránea» sobre el implacable destino Es una historia «pre-refaelista» cuyo argumento transcurre en un reino imaginario y dos planos temporales

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Rafael Marín tiene una aparente vida sencilla y un crisol de historias fluyendo en la cabeza. Una fecunda marmita donde se cuecen aventuras y misterios, desafíos e intrigas de amor que cobran vida en esas noches de insomnio en las que su mente imagina situaciones imposibles y héroes entre humanos y divinos.

Profesor y traductor en sus mañanas, en las tardes despliega su genio de autor de algunas de las novelas de fantasía y ciencia ficción más importantes del panorama literario español. En estos días, la editorial Minotauro publica por fin en un único tomo una de sus épicas más ambiciosas, La leyenda del navegante. La historia de un príncipe perseguido por su destino, de un intrépido corsario que intenta escapar de su sino en busca de aventuras. Una «fantasía mediterránea» donde magia, Historia y trampas metaliterarias enganchan al lector en un recorrido más allá de la vida, y de la muerte.

-Después de 14 años, por fin la novela editada en un volumen...

-Mucho más... este libro tiene ya sus 17 años... Empecé a escribirlo cuatro años después de Lágrimas de luz pero la idea la tenía de antes. Lo que ocurre es que tardé mucho en encontrarle la música, el estilo. Tanto que las primeras cien páginas las escribí a mano.

-¿Cómo la ve tras tanto tiempo?

-Como autor la encuentro algo lejana, porque la escribió alguien que ya no soy yo. Tiene un lenguaje muy cuidado, que tal vez ahora no sería capaz de repetir. Es mi obra mejor escrita, muy sólida. En aquellos días tuvo una acogida muy modesta, estaba más de moda la ciencia ficción, y se convirtió en mi primer libro maldito. Creo que con él conseguí el propósito que me había puesto: el de huir de la habitual pamplina en la fantasía y de la peripecia. Quise escapar de Tolkien y mirar hacia Homero.

-Aventuras, misterio, corsarios, amor, magia... todo interconectado en un mundo imaginario.

-Lo bueno de la fantasía es que te permite crear mundos imposibles donde puedes mezclar a Shakespeare con Homero, la conquista de América con la magia... La leyenda del navegante es una novela muy ambiciosa y pijotera, donde se mezclan dos mundos de ficción que se llevan mil años de diferencia con todo lo que ello implica. Es lo que se conoce como una épica o novela río en la que se acompaña al personaje a través de su desarrollo vital. Con el tiempo, me he dado cuenta de que el tema principal es la responsabilidad, el sino del que intenta huir, el protagonista, dejando su trono en busca de aventuras a bordo de El Navegante. Con el tiempo se da cuenta de que en la vida, más tarde o más temprano, hay que tomar decisiones, que sus acciones tienen unas consecuencias... Podría decirse que habla del salto de la adolescencia a la madurez.

Visión femenina

-Yse, la heroína de la historia es también su narradora, ¿qué ventajas le daba la visión femenina?

-No lo sé... Por un lado siempre había querido escribir una novela desde el punto de vista de una mujer y además me interesaba hablar del héroe no a través de sí mismo sino de quiénes le acompañan. Intenté que la historia la fueran contando aquellos que se encontraban con Salther pero se convirtió en un lío y me decidí por ella. Una chica shakesperiana a tope, al estilo de La fierecilla domada. Su apellido, Elsinore, es el del castillo de Hamlet.

-Ha dicho de la novela que es una fantasía 'pre-rafaelista'...

-Sí, en el sentido de renacentista. Todas las fantasías suelen desarrollarse en el Medievo y yo quería escapar del tópico porque llega un momento en que satura. ¿Es que nunca pueden haber escritores, poetas, músicos o pintores en la fantasía? Pegué un salto al siglo XV y eso me dio muchas posibilidades como la de jugar, ya en la tercera parte, con la guerra del armamento. Con el hecho de que las armas de fuego cambiaran el equilibrio social y comercial.

-Es un mundo imaginario con nombres no tan inventados, y mucha Historia...

-La mayoría son lugares y rincones de España. Decidí jugar con eso y acudí a un atlas para nombrar los paisajes. Al fin y al cabo es una fantasía mediterránea. Sólo hay que mirar el mapa del reino, es el Mediterráneo al revés, con los puntos cardinales cambiados. En lo que se refiere a la ficción, se han mezclado elementos fantásticos pero también reales. Desde la Guerra de los Comuneros a Savonarola en Florencia...

Premio Minotauro

-El próximo 15 de febrero su novela Juglar competirá por el Premio Minotauro, el mejor dotado en su género. ¿Por qué debería ganar?

-Uff, porque si no voy a deprimirme... lo he escrito con mucha ilusión [risas] Ya en serio, porque creo que es mi mejor novela. En ella regreso al ámbito medieval para contar la historia de un juglar, el antihéroe, que camina codo a codo junto al Cid, el héroe de la historia. Es lo que yo llamo una leyenda frikiculta, en la que se suceden todos los tópicos de la época desde El Cantar del Mio Cid al Romance del Prisionero. La historia me poseyó absolutamente, las 24 horas del día. Es el libro que hubiera querido escribir cuando comencé Lágrimas de Luz.

-Profesor, traductor, escritor y padre. ¿de dónde saca todo ese tiempo?

-Se lo robo descaradamente a mi mujer. Ella es la que me permite desarrollar esta faceta porque yo hago lo que hago porque llego a mi casa y, simplemente, desaparezco.