Cultura

Las falsas memorias dejan temblando a la industria editorial de EE UU

La vida falsa de la popular Oprah Winfrey escrita por James Frey cuestiona la idea de verdad en los textos entendidos como literatura de no ficción

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Tras convertirlo en un superventas con su apoyo, la diva televisiva Oprah Winfrey se siente «estafada» por James Frey, el autor que desató lo que va camino de convertirse en una saga con una novela disfrazada de autobiografía. Quizá a Frey se le ocurra, ahora, escribir un nuevo libro con el relato de lo que le está ocurriendo. Material no le faltaría: al encumbramiento de sus memorias, que se convirtieron en Estados Unidos en un súper éxito de la noche a la mañana (fue el segundo libro más vendido el año pasado en el país), ha seguido una tormenta de amplias repercusiones en la industria editorial que no tiene visos de amainar pronto.

Tras apoyarlo inicialmente, Oprah Winfrey, quizá el personaje más popular de la televisión de EE UU y, en gran medida, responsable del éxito del autor tras la inclusión de su obra en el Club de Libros de la presentadora, le echó en cara el gran fiasco. «Me siento estafada y, lo que es más importante, creo que has engañado a millones de lectores», dijo Winfrey a Frey en un programa lleno de melodrama que dejó temblando a las casas editoriales que se nutren del empuje que da la diva a autores poco conocidos.

La pesadilla de Frey comenzó cuando la web de investigación periodística Smoking Gun destapó hace un par de semanas las mentiras que escondía su superventas titulado A Million Little Pieces (Un millón de pequeñas piezas). Entre otras cosas, la investigación concluyó que Frey no fue condenado por ningún delito serio ni estuvo en la cárcel, dos de los principales alicientes de unas tormentosas memorias en las que narra el vía crucis de un drogadicto y su posterior recuperación.

El novelista, que inicialmente mantuvo la veracidad de su relato, ya ha reconocido que había cometido un error y abandonó la fachada de tipo duro que hasta ahora había cosechado -comparándose incluso con Ernest Hemingway- para, esta vez sí, redimirse. «Si algo me ha dado esta experiencia -dijo Frey- es ser mejor persona y aprender de mis errores para asegurarme de que esto no suceda de nuevo».

Torbellino editorial

Al margen del futuro de su carrera literaria, el caso ha desatado un torbellino en el mundo editorial de la no ficción, hasta ahora dispuesto a mirar hacia otro lado con tal de publicar material prometedor. Frey, de hecho, intentó primero vender su libro como novela y, ante el rechazo de los editores, finalmente lo camufló de autobiografía, al parecer sin cambiar una coma del texto. Observadores como Laurence Kirshbaum, ex directivo del Time Warner Book Group, creen que ahora los agentes, editoriales y autores tendrán que ser mucho más cuidadosos a la hora de aproximarse al mercado de no ficción.

Esto significa que, además de descartar posibles plagios, las editoriales tendrán que investigar la veracidad de las memorias, algo que hasta ahora no ocurría. Y es que las memorias, un género cada vez más popular en este país, reside en esa zona intermedia e indefinible entre los hechos y la ficción. Una zona que a partir del incidente ha sido objeto de sesudas reflexiones por parte de pesos pesados como la poderosa crítica literaria Michiko Kakutani, del The New York Times, o los columnistas del diario Maureen Dowd o Frank Rich, entre otros. El caso, señalaba Kakutani en un artículo reciente, «es sobre cuánto valor le da la cultura contemporánea a la idea de la verdad». Frey no es el único autor que ha disfrazado de realidad lo que debería haber sido una novela. Hace unos días salió a luz el caso de JT Le Roy, un autor que se hizo famoso por lo que se consideraba su honesta narración de los cruentos detalles de una infancia sometida a la prostitución y, posteriormente, a las drogas.