Michelle Bachelet.
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Una mujer crecida en la adversidad

Bachelet puede ser una marginal de la escena, según el canon político al uso Tiene tres hijos de distintos padres, pero carece de marido

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Nadie puede decir que su victoria se gestó a la sombra de un apellido poderoso como ocurrió con otras mujeres que alcanzaron lugares de poder en América Latina. Al contrario, Michelle Bachelet, la nueva presidenta de Chile, tiene todo para ser una marginal de la escena, según los cánones tradicionales de la política.

Es mujer. Fue víctima de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Tiene tres hijos de distintos padres, pero no tiene marido. Y además es agnóstica en un país de mayoría católica. Sin embargo, los chilenos reservaron para ella un lugar destacadísimo en la escena política: nada menos que la presidencia del país.

Su suerte estuvo signada desde el inicio. Bachelet nació en Santiago el 29 de septiembre de 1951, apenas dos años después de que se aprobara en Chile el voto femenino. Era «la niña de papá» de un militar constitucionalista de alto rango y una madre arqueóloga.

A comienzos de los 70 ingresó en la carrera de Medicina en la Universidad de Chile y militó en la juventud socialista. Su modelo, sin dudas, era entonces el flamante presidente Salvador Allende, médico y socialista como llegaría a ser ella algún día. Pero mas temprano que tarde, el sueño devino en pesadilla. Tras el golpe de Estado de 1973 y la muerte de Allende, Pinochet inauguró una férrea dictadura que marcó a sangre y fuego la historia de Chile hasta 1990.

Su padre, el general de brigada de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, había dirigido las Juntas de Abastecimiento y de Precios del gobierno socialista y después de la caída del gobierno fue detenido. En 1974, murió en prisión como consecuencia de las torturas que le infligieron sus pares en plan de reprimir opositores.

A pesar de la tragedia y los tiempos oscuros que se avecinaban, Bachelet y su madre, Angélica Jeria, resolvieron quedarse en el país. Hasta que en 1975, efectivos de la DINA -la policía secreta del régimen- detuvieron a las dos mujeres y las trasladó a Villa Grimaldi, uno de los centros clandestinos de detención de la dictadura.

Allí fueron aisladas, interrogadas y torturadas. De allí fueron llevadas a otra prisión ilegal, hasta que se resolvió expulsarlas del país.

Destrozadas, las dos se exiliaron en Australia primero y luego en la ya desaparecida República Democrática Alemana, donde Bachelet siguió sus estudios de medicina y se casó con un chileno, el arquitecto Jorge Dávalos. Con él tuvo dos hijos, Sebastián y Francisca, que hoy tienen 26 y 21 años. La familia volvió a Chile en 1979 y allí la mujer terminó al fin su interrumpida carrera de médica, casi 11 años después de haberla iniciado. Se especializó en pediatría y en salud pública.

Con tanto ajetreo, su matrimonio con Dávalos se terminó. Pero pronto Bachelet se unió al epidemiólogo Antonio Henríquez, con quien tuvo una tercera hija, Sofía, que hoy tiene 12 años y va con su madre a todos lados. Se acercaba el fin de la era Pinochet y Bachelet, que seguía simpatizando con el socialismo, se volcó en trabajar en una organización especializada en el impacto de la represión sobre los niños.

Pero fue recién en los noventa cuando comenzó lo que sería después una ascendente carrera política. Realizó un posgrado en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de las Fuerzas Armadas y consiguió una beca para asistir a un curso de Defensa Continental en el Colegio Interamericano de Defensa en Washington. Al volver, Lagos la convocó para incorporarse a su gabinete como ministra de Salud.

El atajo

Ese puesto representó un atajo para una mujer de su carisma. Realizó una reforma para evitar largas esperas en hospitales, y entonces el mandatario le aumentó. La llamó a asumir como ministra de Defensa, la primera de su país. En aquel año, 2002, las inundaciones golpearon fuerte en Santiago y la mujer se montó a una tanqueta para monitorear las zonas anegadas. Sin saberlo, aquella imagen de una mujer sobre el tanque, acongojada por el desastre, la catapultaría hoy a la presidencia.