Mezo (1965) es doctor en Políticas por la UAM. / GONZALO HÖHR
JOSU MEZO 'BLOGGER' DE 'MALAPRENSA'

«No mienten las estadísticas, sino quienes las usan mal»

En abril pasado creó 'Malaprensa', un 'blog' desde el que vigila estrechamente las interpretaciones, cuando no barbaridades, que hacemos los periodistas con las estadísticas. Sociólogo, politólogo, profesor de Universidad en Toledo, se ha convertido, sin quererlo, en un 'pepito grillo' de los medios, o en un Lázaro Carreter de los números y sus interpretaciones. Su página (www.malaprensa.com) tiene 510 artículos, ha recibido unos 3.200 comentarios y esta semana obtuvo 700 visitantes únicos, que vieron unas 1.350 páginas al día.

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-Por empezar por la mayor, ¿qué valor concede al periodismo?

-Me pone en un aprieto, porque no soy un teórico de la comunicación ni de la prensa. Pero lo que sí le puedo decir es que, evidentemente, si hago una página como Malaprensa.com es porque pienso que el periodismo es una actividad esencial en la sociedad contemporánea. Nuestras democracias de masas (a diferencia de las pequeñísimas democracias locales, que son su inspiración lejana) no pueden funcionar sin un debate público que tiene que ser encauzado a través de los medios de comunicación, y por tanto, a través de los profesionales de la información, los periodistas.

-¿Qué papel cree que le corresponde jugar? ¿Cuál es su sitio en la sociedad actual?

-De nuevo me cuesta responder a preguntas tan ambiciosas. Una descripción muy simple de lo que como ciudadano pido al periodista es que se entere de las cosas importantes que ocurren, que las comprenda bien, y que me las cuente de forma que yo también las comprenda bien. Naturalmente, esta descripción simple tiene muchas complicaciones. Por pura lógica todos sabemos que en un periódico o un telediario no cabe todo lo que pasa, lo que significa que para empezar hay un filtro básico que es la selección de las cosas importantes, que es necesariamente subjetiva.Y lo que sea «comprender bien» también puede plantear algunas complicaciones notables. ¿Cuánta información de contexto es necesaria? ¿Cuántos antecedentes? ¿Qué comparaciones, con qué ?

-¿Y cómo debe ser la adaptación del periodismo a la nueva sociedad creada por la revolución tecnológica?

-Creo que el resultado neto de la renovación tecnológica es en general claramente favorable a que se pueda hacer un mejor periodismo. Otra cosa es que pueda plantear dificultades a determinados modelos tradicionales de organizar el trabajo, incluso a modelos empresariales y económicos de los medios de comunicación. Pero el periodismo como actividad, creo que sale reforzado.

-¿En qué sentido?

-Para empezar, hay muchísima más información disponible. El periodista que recibe, por ejemplo, una nota de prensa de un ministerio o de una ONG, contándole tal y cual cosa o estadística, tiene ahora muchos más medios a su disposición para encontrar, en pocos minutos, informaciones complementarias o alternativas, que le pueden ayudar a comprender mejor la información, y por tanto a contársela mejor a sus lectores, oyentes o espectadores. En segundo lugar, obviamente, el periodismo se va haciendo mucho más interactivo. Donde antes sólo había comunicación en una dirección (del periodista al público), ahora hay comunicación multidireccional: la tecnología permite que los textos de las noticias reciban comentarios, que pueden matizar, o complementar, la información aportada por el texto original. No sólo eso, sino que muchas fuentes independientes, incluso personas individuales, pueden crear espacios donde se comentan o discuten las noticias. Todo esto puede producir mucho «ruido», incluso mucha «basura», pero al final la propia interactividad de las nuevas tecnologías permite que entre la paja se vaya encontrando el grano y que las páginas con contenidos interesantes y bien hechos sean más conocidas

-He visto que en su blogs se hace eco de las declaraciones de Giovanni Sartori acerca de la situación de los periódicos, y que ha generado un interesante debate. Desde su experiencia, ¿cómo cree que valora la opinión pública hoy a los periódicos? ¿Podrían establecerse los perfiles de la demanda?

-Sobre esto tengo una sensación ambigua, que creo que es compartida por gran parte de la población. Todos somos consumidores de medios de comunicación, todos tenemos constancia de sus muchos fallos, e incluso los criticamos más o menos airadamente en discusiones o comentarios entre amigos , pero todos tenemos que seguir recurriendo a ellos, porque nos son imprescindibles, y todos entendemos que sin ellos estaríamos peor. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que sucede con los partidos políticos.

-¿Qué le llevó a crear Malaprensa?

-Pues algo semejante a lo que le acabo de decir: las quejas sobre los errores en la prensa eran un motivo habitual de comentario con amigos, familiares y en un momento dado me dije: ¿por qué no pasar de la charla informal de sobremesa o de café a una página en la que esto se pueda comentar públicamente? Había visto otros blogs, y me había dado cuenta de la potencia que tiene el medio para realizar una conversación cívica, así que eso es lo que intenté hacer, con el propósito de que los lectores seamos más críticos y los propios periodistas puedan mejorar su producto.

-¿Cree que hay muchos lectores críticos?

-Bueno, mucha gente tiene una actitud recelosa sobre los medios, orientada más bien, sobre todo, a la sospecha de que los medios quieren manipular políticamente a los lectores. Pero mi impresión es que hay menos conciencia en la gente de los muchos casos en los que los medios nos dan simplemente informaciones erróneas, no tanto por un deseo de manipular, sino por incumplimiento de sus obligaciones profesionales.

-¿A qué atribuye esta obsesión por cuantificarlo todo?

-En principio, una cierta cuantificación es lógica y necesaria para hacerse una idea de la importancia o gravedad de un asunto. De eso no hay escapatoria. Si alguien nos habla de un problema social, por ejemplo, una de las primeras preguntas que nos hacemos todos es: ¿a cuánta gente afecta? La cuantificación es inevitable. Pero claro, hay que hacerla bien. Otra cosa es que se abuse de los números, o que quizá en los medios los números (especialmente si son grandes) atraen la atención y hacen buenos titulares, sintéticos, que a veces sin embargo pueden producir impresiones inexactas o engañosas. Si me dicen, por ejemplo, que un determinado cáncer afecta cada año a 300 niños en Andalucía, eso no me dice nada, si no sé cómo se ha definido «niño» (¿hasta qué edad?) y si no sé aproximadamente cuántos niños de esa edad hay en Andalucía. Una noticia bien redactada debería dar una proporción: tantos niños por cada diez mil o por cada cien mil desarrollan la enfermedad.

-¿Es posible que un lector común y corriente llegue a descifrar las claves ocultas tras una estadística?

-Con una cierta práctica, cualquiera puede enfrentarse a una estadística y hacerse las preguntas correctas para entenderla. Otra cosa es que tenga a mano los recursos para encontrar las respuestas. Para eso, idealmente, debería estar el periodista, que se debería haber hecho las mismas preguntas y haberlas respondido.

-¿Cómo enfrentarse a ellas?

-La mayor parte de las estadísticas que aparecen en los medios no son nada más que cuentas. Alguien ha contado el número de veces que sucede un fenómeno (cuántos parados hay, cuántos delitos, cuántos inmigrantes sin papeles) y nos da el dato o bien tal cual (número absoluto) o bien como un porcentaje: en relación a una población de referencia, o al dato del año anterior Para entender bien la estadística entonces hay que preguntarse básicamente cuatro cosas: ¿cómo se ha definido lo que se está contando?, ¿cómo se ha medido o contado?, ¿se ha medido en toda la población afectada, o sólo en una muestra? y ¿si se ha hecho en una muestra, es ésta representativa?

-¿Cree justificada su mala fama?

-Definitivamente, no. Las estadísticas no mienten. Mienten quienes las usan mal, a conciencia o por torpeza. Pero lo mismo sucede con las palabras.

-¿Hay estadísticas buenas? ¿Cuáles?

-Para empezar, una buena estadística es aquélla que está hecha con transparencia, que da al lector toda la información sobre cómo se ha realizado para que la pueda criticar, si es necesario. Y en segundo lugar, lo que requiere es que la definición de los fenómenos y el procedimiento de medición sean sensatos, y que la muestra, si la hay, sea representativa.

-¿Es posible entonces llegar a conocer la verdad, un cuadro de situación exacto?

-Responderé con un ejemplo. No es posible saber exactamente cuántas personas van a una manifestación. Pero, por la superficie ocupada, es perfectamente posible calcular si el número está en torno a 50.000 ó a 200.000. Cuando los periódicos no hacen esto, y dan dos datos totalmente dispares, de la organización y de la Policía, están fallando a sus lectores.

-¿Se puede contar la economía sumergida?, ¿el número de prostitutas?, ¿la pobreza?

-Los fenómenos sociales marginales u ocultos, por definición, son difíciles de medir. Pero precisamente en esos casos cobra más fuerza el requisito de la transparencia. ¿Dice usted que en España hay 400.000 prostitutas? Pues cuénteme cómo ha hecho el cálculo, y así yo, periodista, o lector, podré juzgar por mi cuenta si su cálculo es sensato.

-Importa mucho la manera de hacer la pregunta. ¿Qué indica un cuestionario?, ¿se suele dar a conocer?

-Sí, de nuevo ésta es una cuestión de transparencia. Las encuestas deberían difundirse acompañadas siempre de su cuestionario, porque las opiniones de la gente sobre el mismo asunto pueden variar mucho según cómo se haga la pregunta. Incluso el orden de las preguntas puede afectar a las respuestas. Lógicamente, un periódico no puede publicar el cuestionario completo. Pero quien manda al periódico los resultados de una encuesta en una nota de prensa sí debería enviar también un enlace a una página web con el texto del cuestionario y los resultados completos.

-Los números en sí significan poco. ¿Cómo establecer comparaciones?

-La regla de oro, claro, es comparar cosas semejantes. Un ejemplo ilustrativo, de nuevo: rutinariamente nos dan datos de los muertos en carretera, con la comparación con años anteriores. Pero como cada vez hay más coches, y se recorren más kilómetros, la comparación va perdiendo su sentido a medida que nos alejamos en el tiempo. Puesto que existen estimaciones (aproximadas) del número de kilómetros recorridos cada año, sería mucho mejor un indicador que informara del número de muertos por cada 100.000 kilómetros recorridos.

-Cuénteme su polémica con el ministro del Interior acerca de los kilos de discos pirata y los de hachís.

-Bueno, no es que yo haya tenido un debate con el ministro, ni mucho menos. Seguro que tiene otras cosas más importantes que hacer. Lo que sí hubo fue una crítica muy dura en mi página web (y en otras muchas) a su declaración de que un kilo de discos piratas sale a los traficantes cinco veces más rentable que un kilo de hachís. Esto es un completo disparate que no tiene pies ni cabeza y es incomprensible que semejante tontería la diga en una rueda de prensa un ministro. Y también, claro, que los medios la reproduzcan sin señalar que es una tontería ridícula.

-La fuente, quien encarga el estudio, no suele ser inocente. ¿Qué pasa, entonces?

-Lo único que sucede es que el periodista y el lector han de extremar las precauciones si la fuente es interesada. Pero tampoco deben descartarse sin más esas estadísticas. Hay que aplicarles las mismas reglas que a todas las demás.

-Habla de estadísticas mutantes. ¿Qué son?

-Es un término muy ingenioso acuñado por Joel Best, el autor de un libro muy recomendable para entender las estadísticas. Se refiere con ello a estadísticas que eran originalmente buenas, pero que alguien ha malinterpretado, transformándolas en estadísticas equivocadas y normalmente llamativas y que por su propia espectacularidad corren como la pólvora y llegan a instalarse en la imaginación popular, haciendo casi imposible que la información correcta se conozca. La estadística citada por el ministro del Interior, por ejemplo, tenía un origen lejano en un estudio que comparaba los beneficios por la venta de juegos de ordenador piratas que se importaban de Asia y se vendían en Francia como si fueran legítimos, en tiendas normales. Sus beneficios sí eran muy grandes, quizá incluso más que los del tráfico de droga (no cinco veces más, desde luego). De ahí acabó saliendo, a base de perder información, el disparate que dijo el ministro. Por cierto, que este origen del disparate no lo descubrió un periódico, sino otra página web, la de Nacho Escolar.

-¿Y las encuestas electorales?

-Las encuestas electorales, desgraciadamente, son las que más llaman la atención de la gente, y digo desgraciadamente porque son las más difíciles de hacer bien y sus fracasos relativos hacen que mucha gente desconfíe de todas las encuestas.

-¿Por qué son tan difíciles de hacer?

-Hay dos motivos, uno técnico y otro sociológico. El técnico es que en una encuesta electoral se trata de saber un resultado muy preciso. Una diferencia de un punto porcentual o dos puede alterar el resultado de unas elecciones (al dar o quitar la mayoría absoluta a un partido, por ejemplo). Esto requiere una precisión que las encuestas realmente no pueden dar, en su mayoría. En cambio en una encuesta, pongamos, sobre la ley contra el tabaco, si se obtiene que, de una muestra representativa de 1000 encuestados, el 60% está a favor y el 40% en contra, se obtiene un mapa razonablemente bueno de la opinión pública y nos da igual que el dato real, si se pudiera preguntar a todos, fuera 62-38 ó 58-42. Además, y éste es el problema sociológico, la gente está mucho más dispuesta a contestar sinceramente lo que piensa sobre una ley que a qué partido vota.

-¿Cuánto oscila la acción de un gobierno como el nuestro por los resultados de las estadística? ¿Hemos llegado aquí a una situación tipo Casa Blanca?

-Realmente no lo sé. Se suele criticar que los gobiernos tomen decisiones «a golpe de encuestas». Es malo si eso significa ser erráticos y no tener criterio ninguno sobre nada. No es tan malo si eso significa, en caso de duda, tener en cuenta a la opinión pública. Y desde luego es mejor que gobernar «a golpe de editorial».

-¿Qué le parece el voto on-line?

-Un desastre. Pero eso nos daría para otra conversación. Mi opinión se resume en que es inútil (porque en España ganaríamos apenas dos horas en el recuento) y peligroso (porque los riesgos de fraude, además muy difícil de detectar, se incrementan enormemente).