La Fe y el Arco

Para ahorrar minutos, la Esperanza no pasará bajo su Arco en la Madrugada. ¿Pero esto qué es? ¿Una carrera ciclista?

Antonio Burgos
SEVILLAActualizado:

La frase de Luis Cernuda en «Ocnos» es bastante conocida. Así que perdonen si, citándola una vez más, la convierto en algo que el poeta odiaba: un tópico sevillanito. Dice: «Para un andaluz, la felicidad aguarda siempre tras un arco». Si eso es para un andaluz, ni te cuento para un sevillano del Arenal, a quien siempre aguarda tras el Arco del Postigo la felicidad de poder rezarle el «Bendita sea tu Pureza» a la Pura y Limpia, a la que sus vecinos, ¿verdad, Rogelio?, llaman «La Chiquetita». Y si eso es para la gente del Arenal, para los macarenos no hay que recordar siquiera la felicidad que les aguarda tras su Arco: nada menos que la Esperanza. Que es la Alcaidesa de ese Arco. Las puertas de Sevilla tenían antaño dueños guardianes, más honoríficos que reales, y así, por ejemplo, de las dos únicas que dejó en pie el alcalde derribista García de Vinuesa, el Postigo del Aceite era del Duque de Medinaceli, quien por cierto lo salvó, desobedeciendo las órdenes municipales de tirarlo abajo, como derribaron todas las puertas.

Pero el Arco de la Macarena tiene una alcaidesa mucho mejor. Divina. Nada menos que la propia Esperanza, la Madre de Dios, Sentenciado por su Gran Poder, Señor de la Pasión. No lo digo yo, que las palabras de los papeles vuelan. Lo pone allí, en el propio Arco, un mármol imperecedero, epigrafiado con un texto que ya quisiéramos muchos escribir así de bien. Dice ese mármol del macareno Arco de la felicidad cernudiana: «El domingo 27 de mayo del año de gracia de 1923 tomó posesión solemne de este Arco de la Macarena la que es Hija del Eterno Padre, Madre del Verbo Divino, Esposa Inmaculada del Espíritu Santo, Amor de los Amores de Sevilla y Esperanza única de los mortales».

-¡Óle!

No, espere, que el mármol sigue diciendo: «S.A.R. La Serenísima Señora Princesa Dª Mª de la Esperanza de Borbón y Orleáns se dignó descubrir este retablo, obra artística del maestro Rodríguez y Pérez de Tudela, consagrado a la Señora por el fervor de su cofradía y costeado por la generosidad de sus hijos. A.M.D.G. et B.V.M.I.»

Bueno, pues para ahorrar minutos, este año la Esperanza no pasará bajo su Arco del Triunfo cuando salga en la Madrugada. ¿Pero esto qué es? ¿La Semana Santa o una carrera ciclista, donde cuentan los minutos de los fugados sobre el pelotón? Leo la información de Javier Comas sobre la Toma de Horas y tal parece: que si cinco minutos más de paso por la Carrera Oficial, que si entrar media hora antes... Estamos confundiendo lamentablemente las cosas, entre el miedo y lo que no es el miedo, la seguridad y lo que no es la seguridad. Estamos convirtiendo en fundamental lo accesorio de la Semana Santa, ¿o me equivoco, querido arzobispo don Juan José Asenjo? Lo fundamental es la Fe. Y ante lo accesorio, está cayendo mucho de lo fundamental, como la propia tradición devocional, cual la que comento de la «Esperanza única de los mortales» saliendo triunfal por su Arco; por no hablar de la gaseosa del experimento del Santo Martes.

Y lo más preocupante es que este catón de lo que siempre fue y estamos perdiendo, como estamos dejando que Sevilla se nos vaya de entre las manos en aras de los beneficios del turismo, nos lo tiene que recordar no nadie de las cofradías, sino un cristiano de a pie, como siempre se ha proclamado valientemente el delegado municipal de Fiesta Mayores, don Juan Carlos Cabrera. Quien ante tanta seguridad para las cofradías anunció en la Toma de Horas que «no se utilizará ningún medio novedoso que ponga en peligro o difumine el elemento esencial de la Fe y el respeto; hay que defender y proteger la Semana Santa para que la podamos vivir desde la Fe y en paz». Que es lo que se está olvidando: que estamos dejando a Sevilla para los turistas y a la Semana Santa para el Cecop, olvidando lo fundamental: que es eso, la Fe y la emocionada devoción de la Esperanza Triunfal por su Arco. Y si se pierden minutos, que les vayan dando a los minutos, que esto no es la Vuelta Ciclista, sino la Pasión según Sevilla.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos