Último corte

A estas alturas de agosto, al largometraje estival le queda poca vida

Antonio García Barbeito
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Los rollos eran cortes, para la jerga popular. Cuando Juan el operador recogía la saca del coche de viajeros, sólo le preguntabais dos cosas, el título y cuántos cortes tenía. Y Juan, tan amable siempre, decía el título, si era del Oeste, o un drama, o una de miedo, o una de romanos, y, si palpaba en la saca, podía decir que tendría tres o cuatro cortes. Por las calles, la voz de los chiquillos era un torpe tráiler, tartajeado de imprecisiones, pero con una verdad y una probabilidad: «Po ha dicho Juan que es del Oeste y que tiene tres o cuatro cortes. Tiene que ser güena…»

Sí, sería buena, quizá, aunque en vez de tres o cuatro cortes

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