Cardo Máximo

Todo cambia

No parecía tarde de Cuaresma sino de Pascua. De mayo marceado más que de marzo mayeado

Javier Rubio
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Hacía tarde de Domingo de Ramos, más que de primer lunes de Cuaresma. Estaba todo dispuesto como sólo la ciudad culta y refinada sabe hacerlo: el sol, en lo alto; la gente, la justa; los hermanos, de oscuro; la consejera de Cultura, en su sitio; la cruz, enhiesta; el calor, asomando en los escotes y las mangas cortas; los detalles, cuidados; la escolanía, cantando y el incienso, ascendiendo; los fotógrafos, como un enjambre al unísono; las flores, fragantes; la gubia, en el frontal; la luz, desparramándose por la calle San Pablo; y la ciudad, a lo suyo. Como otros lunes de Cuaresma, como tantas veces, como siempre. Pero como nunca. No parecía tarde de Cuaresma sino de Pascua. De mayo

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