Tiempo y espacio

El Corpus es el salto definitivo sin red de la fe: o se cree o no se cree, no hay vuelta atrás

Javier Rubio
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El Corpus -la procesión, los honores debidos a la custodia, la solemne liturgia que la acompaña- exige un compromiso de fe que supera, de largo, el de la Semana Santa con las representaciones iconográficas de la Pasión y Muerte del Cristo. Al fin y al cabo, incluso el más refractario al misterio, puede experimentar la emoción artística ligada a la belleza contemplando la maravillosa recreación que los siglos han depositado en nuestra orilla. El Corpus es otra cosa, porque no hay rostro lacerado de ningún Nazareno ni dulce muerte de ningún Crucificado, ni doloroso semblante de ninguna Virgen llorando por su hijo, nada con lo que el espectador pueda identificarse, nada humano en lo que pueda descansar su propia laceración,

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