EL RECUADRO

Tanques y pavías

Lo que necesita el mundo son menos misiles y más tanques; pero tanques de cerveza como los que ha traído a Sevilla la Heineken

Antonio Burgos
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Han llegado al muelle tres grandes tanques de fermentación de cerveza para la fábrica de Heineken. Que, ya saben, Jorge Paraleda ha sido destinado a Amsterdam para que se lo explique a aquellos señores, que no comprendían cómo se lo decía Julio Cuesta: que en Sevilla se escribe Heineken, pero se pronuncia Cruzcampo. La fresquita. Sevilla, cierto, es la ciudad de la Giralda, y la ciudad de Murillo, pero también la ciudad de la Cruzcampo. Como que yo creo que el templete del Humilladero del camino de Alcalá fue levantado mayormente para darle nombre a la cerveza que crearon los Osborne sevillanos.

Han llegado al muelle tres grandes tanques de cerveza. Son de fermentación, y hacen 5.500 hectolitros cada uno. Pero aunque no fueran de fermentación. Un tanque de cerveza de 5.500 hectolitros se lo bebe un sevillano en El Tremendo en menos que se persigna un cura loco. Los tanques vienen de donde tienen que venir las cosas relacionadas con la espumosa fresquita: desde Santander. Tanques montañeses para la cerveza sevillana. O sea, que sólo faltaba que subiera por el río un barco cargado de lomo en manteca y ya estábamos en La Flor de Toranzo con el banderín del Racing de tu padre Rogelio colgado al fondo, mi querida ahijada María Trifón.

Cada uno de los 3 tanques, 3, para la fábrica de la Cruzcampo mide 20 metros de largo y 7 de diámetro, y pesa 33 toneladas. Los trajo el buque «Alecto», río arriba. Y la maniobra de la descarga la hizo la empresa Estibadora Sevilla, que me imagino es como la cuadrilla de la colla del muelle del capataz Alfonso Borrero, pero con ordenador en vez de «menos paso quiero» y morcilla del costal en la cerviz.

Y yo, ¿qué quieren que les diga?, me he acordado de otro ahijado: de El Pali. Dijo El Pali solemnemente una vez, sentado empernacado en su silla de la calle de la Aduana, con la camisa desabrochada hasta el ombligo, harto de papas aliñás, como un Buda del Postigo: «Lo que hace falta en el mundo son menos misiles y más pavías de bacalao». Ahora que coreanos y americanos andan a vueltas con el triquitraque nuclear, deberían haber mandado observadores al muelle de Sevilla cuando el «Alecto» desembarcaba los tanques para la Cruzcampo que ahora se fabrica, todo automatizado, en Torreblanca de los Caños... de los caños de los grifos de la cerveza de barril. Y esos observadores, tras consultar las Coplas Completas del Pali, hubieran llegado a la conclusión de Francisco Palacios, puesta al día, y hubieran mandado un mensaje a la ONU: «Señores, lo que necesita el mundo son menos misiles nucleares y más tanques; pero tanques de cerveza como los que ha traído a Sevilla la Heineken para la Cruzcampo, aparte de más pavías de bacalao».

¡Y qué palabra más cerveceramente nuestra la de «tanque»! La caña, el tanque... O mucho me equivoco o la inventaron en un templo cervecero como fue la terraza de Baturones, en la Ronda. Que tenía su propio sistema métrico decimal de la Cruzcampo: la caña, el doble, el tanque, la maceta, la campana... Los mejores tanques se tiraban en aquellos grifos de cerveza. Esos tanques, mi general Gómez de Salazar, eran los que tenía que haber mandado la Fuerza Terrestre bajo el mando de vuecencia al despliegue de seguridad de la OTAN en Lituania frente a los rusos. Y con la pelúa que hace allí, teníamos asegurados tanques de Cruzcampo fresquita, fresquita.

Los tres nada tristes tanques están aún en el muelle y serán trasladados el lunes a la fábrica de Torreblanca. Tanque, traslado... ¿Han visto qué palabras más sevillanas? Como los concurdáneos de Er 77 hacían el guasón traslado del piano desde El Manicomio de Nervión a la Feria del Prado, ¿por qué no hacemos el solemne traslado de los 3 tanques de fermentación de cerveza, 3, desde el muelle a la fábrica de Cruzcampo? Con banda de música detrás, naturalmente. Y con representación con bacalao de pavía de todas las antiguas e ilustres hermandades de la collación cervecera hispalense: de Casa Morales, del Rinconcillo, de Casa Vizcaíno. Total, tres tanques son un triduo cervecero.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos