Placeres

Nada como aquel trozo de tortilla en la fiambrera que tu padre traía del campo…

Antonio García Barbeito
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Siempre que tienes hambre, recuerdas aquel trozo de tortilla de migas de pan, ajo y yerbabuena, que tu padre, a la vuelta del campo, intencionadamente, traía en la fiambrera. Quizá no haya para ti un bocado más celebrado, no sabes si por la niñez, si por el detalle de cariño de tu padre, si por la novelería de encontrar aquel trozo de tortilla como una sabida sorpresa. Lo recuerdas siempre que tienes hambre, sí. Y lo recuerdas desde el otoño alto a la primavera baja, así cuando tu padre volvía de arar y cuando volvía de sembrar o de abonar la tierra. Nada como aquel bocado.

La primavera baja tiene en la casa de tu memoria un cuasi pecaminoso olor

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