Nombres y calles

Apear del nomenclátor al arcediano Vázquez de Leca me parece un despropósito mayúsculo. Y así lo digo

Javier Rubio
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Los nombres de las calles conservan la historia de la ciudad congelada, como si un fanal protegiera el rótulo con que nuestros antepasados la bautizaron y nos hubiera llegado incólume. Son cápsulas de tiempo que a nosotros no se nos permite abrir a nuestro antojo, sino transmitir en las mejores condiciones posibles a la siguiente generación. El nomenclátor es también el palimpsesto en el que cada generación escribe enmendando a la anterior, plasmando para los años venideros sus afectos, los nombres propios que quiso salvar de la ceniza en que acaba convertida toda memoria. Y como tal palimpsesto, como esos pergaminos que se aprovechaban para reescribirlos cuando escaseaba el soporte, están sujetos a la mudanza de costumbres. De todo eso

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