Memorial de las riadas

Hay un dolor antiguo en las ciudades arrasadas por el agua. Sevilla lo fue. Puede serlo mañana

Eva Díaz Pérez
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Ha traído septiembre un aire apocalíptico con inundaciones históricas y media España convertida en un lodazal. Duele ver paisajes sumergidos en el barro y gente que desaparece bajo la ira de corrientes furiosas. Da miedo contemplar carreteras como ríos y campos de cultivo transformados en océanos. Pero, en realidad, son los ríos que vuelven a sus cauces antiguos, antes de que la fiebre constructora levantara edificios en territorios fluviales.

Llega la lluvia convertida en un mal sueño, aunque en Sevilla haya pasado de puntillas, tan sólo dejando el aroma de la tierra recién regada y una brisa dulce colándose en los perfiles del aire. Sin embargo, no hay que olvidar que la lluvia forma también parte de nuestra memoria más

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