¡Esa lenguaaaa…!

Daba gloria oír a aquellos hombres que sabían insultar con una finura excepcional

Antonio García Barbeito
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Qué cierto, qué hermoso y qué socorrido es el saber popular —«que encierra todo el saber» (M. Machado)—; qué oportuno, tantas veces. Y qué rotundo. Dice la letra de la soleá: «La suerte que tú has tenío / es que no tengo mala lengua…» La seguiriya, más o menos: «A un toro de plaza / no le temo tanto, / como le temo a una mala lengua / y a un testigo falso.» Una mala lengua. Pepa andaba en la cocina, fregando, y por la ventana que daba al patio corral veía a Manuel, su marido, que andaba tratando de meter por vereda a la burra, que se resistía a las angarillas. La burra se volvía, cabeceaba, no se estaba

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