LA TRIBU

Juan Diego

Hablaban de que en la televisión en blanco y negro aparecía un actor que había nacido en Bormujos...

Antonio García Barbeito
Actualizado:

Yo sé que a mi querido amigo Julio Cuesta no le importa que en vez de hablar de la alegría que me da que Sevilla lo haya nombrado Hijo Predilecto, me aquerencie en la comarca y hable de que a un paisano lo han nombrado Hijo Adoptivo de la capital. Adoptivo, porque él no nació en Sevilla, nació en el Aljarafe. El Bormujos de los campanilleros, de Santo Domingo, de la afición a la colombicultura, al taekuondo, el kárate y el culturismo, al mosto y a los mostradores de sabor, vio nacer al Hijo Adoptivo, que antes de desertar del arado, se fue a Sevilla a estudiar y subió de un salto a un escenario, y cuando vino a darse cuenta se miró al espejo del camerino y le había nacido un actor. Un pedazo de actor, como dicen ahora.

Juan Diego se me hizo cercano en el Gines que me acogió de muchacho, porque hablaban de que en la televisión en blanco y negro aparecía un actor que había nacido en Bormujos, un tal Juan Diego. Y lo seguí, y me encandiló aquella personalidad capaz de los papeles más difíciles y de la transformación cuasi milagrosa de un tío al que de pronto odiabas como señorito y de pronto lo amabas como Juan de la Cruz; lo envidiabas como Don Juan y no sabías cómo fue capaz de interpretar a Franco en «Dragon Rapide» y que resultara tan Franco. «Todo está en la poesía», me dijo una vez. Yo no se lo he dicho nunca, pero se lo digo ahora: «Todo el teatro está en ti.» Un lujo, ver en la escena a Juan Diego, o verlo ante la cámara, o verlo en series televisivas. Puede con todo. Tiene el teatro dentro, ha ido metiéndoselo día a día, libreto a libreto, actuación tras actuación, poema a poema —«Quedéme y olvidéme, / el rostro recliné sobre el Amado, / cesó todo y dejéme, / dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado…»—; trato de aproximarme a su currículo y lo dejo por imposible: en el cine, más de cincuenta películas; series de televisión, no sé contar; obras de teatro, se me acaban las butacas; y premios, la locura. Hijo Adoptivo de Sevilla. Bien está, pero más merece, ¿Hijo Adoptivo Predilecto? Yo sé que por limpiarlo con nombres y mayúsculas no es más oro el oro, pero es que Juanito Diego es mucho Juanito Diego. Una bandera como la de su nombre es símbolo de una comarca, de una provincia, de un país. Adoptémoslo en el calor de la admiración y el cariño. Acerquémoslo, así a los mayores como a los niños, como una asignatura viva y nuestra, como un humano texto nuestro, como un libro que tiene cientos de voces, como un poemario donde podemos leer toda la poesía, que el verso le suena como una copla dolorosa y jonda en la gastada garganta de su genial ventriloquia. Déjate adoptar.

antoniogbarbeito@gmail.com

Antonio García BarbeitoAntonio García BarbeitoArticulista de OpiniónAntonio García Barbeito