Los humildes

Sería asombroso que el Mundial lo ganara una de las selecciones que vienen del hambre y la miseria

Antonio García Barbeito
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Me alegra verlos correr con la lección bien aprendida, muchachos que vienen del hambre muchos de ellos, de la esclavitud o de los sueños imposibles de cumplirse. Han aprendido a jugar al fútbol como quizá sus antepasados aprendieron a salvar la vida en la selva, o en los arrozales infames, o en la montaña o el altiplano altísimos. Muchos de ellos quizá sean hijos o nietos de aquellos que tuvieron que inventar la vida todos los días, y la comida del hijo y la propia, y tuvieron que aprender a techar su chabola, o a levantarla donde no se la llevara una riada, un alud de fango y piedras, el latigazo de un terremoto. Quizá muchos de sus antepasados tuvieron que disputarles el territorio a las fieras, a escarbar en la tierra para encontrar raíces que llevar a casa para la comida, a aprender a curarse con yerbas y plantas. Quizá muchos de ellos salieron en la televisión antes de tener dinero para comprar un aparato.

Me maravilla verlos entregarse, chavales que quizá cobren un mal salario; que no saben de cifras astronómicas por un fichaje o por anunciar algo. Me maravilla verlos con esa zancada, esa rapidez, esa listeza de quien sabe de la necesidad, y poderles a renombres del fútbol. Como otros días he visto otros partidos, como anteayer vi cómo Croacia le podía a la Argentina desacostumbrada a perder, a la Argentina que va de suficiente, muy llena de campeona del mundo, ayer disfruté viendo cómo Nigeria le doblaba el brazo a Islandia. La velocidad, la entrega, las ganas, el descaro de quienes sólo han tenido que disciplinar músculos y aprender las reglas del juego, eran envidiables. Los humildes, la rebelión de los humildes, eso parece este Mundial de Fútbol. No sé qué selección lo ganará, pero sería asombroso que lo ganara una de las que vienen del hambre y la miseria, para colocar los balones en las redes del gol como un bofetón de raza en la mejilla de los dineros fáciles y amontonados. Negros, amarillos, mestizos, mulatos, chavales rápidos como el rayo, fuertes como bosques selváticos, tenaces como la disciplina, alegres, sin mirar más que por la camiseta que llevan puesta y el país donde nacieron. Me maravilla verlos correr, saltar, defender, con la esperanza puesta en una victoria que a ellos siempre les sabrá distinta. Los humildes. Nadie sabe lo que algunos de esos países han tenido que luchar para llegar a un Mundial y que no abofeteen a los suyos en el primer tiempo del primer partido. Nacidos para ser sparring de los países poderosos. Y se han crecido, han levantado la frente como los animales poderosos, y están zurrándoles la badana a más de uno. Vivan los humildes.

ANTONIO GARCÍA BARBEITO

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