Gente a jornal

Recorría bares y tabernas y, entre vasos de vino, trataba de convencer a algunos hombres para que fueran con él a su aventura política

Antonio García Barbeito
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Para abrir surcos, los mejores gañanes. La tierra pedía precisión y saber bregar con animales. Cartabones como trazados por delineantes, que los surcos parecieran salidos de una mano prodigiosa que hubiese deslizado dedos como tiranteces, que los almorrones parecieran el enterramiento de la semilla, más que las pareces de los surcos. Una canga o una yunta, un arado y una mano humana en la mancera dirigiendo una nave que iba abriendo en dos la tierra. Para esa labor, gente especializada. Cualquiera no sabía llegar a las hazas, mirar el barbecho y saber exactamente dónde había que empezar metiendo la reja. Recuerdas hoy aquellos versos escritos para él: «Cuando la luz entreabría / las puertas de la mañana / y empezaba

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