El fútbol

Al Bernabeu acudieron ¡cincuenta mil madridistas! para oír cómo un futbolista belga decía que estar allí era el sueño de su vida

Antonio García Barbeito
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A mediados de los sesenta, un nombre se levantó en España con una fuerza descomunal, desconocida. Un apodo que arrollaba, que lo ocupaba todo, álbumes, cajas de cerillas, revistas, radio, la naciente televisión, tertulias. Un apodo, una sonrisa y un flequillo: El Cordobés. Una locura que puso patas arriba el planeta taurino para gloria de casi todos. El fenómeno llegó incluso al cine; no había universo en el país que no tuviera la imagen de aquel muchacho desenvuelto, arrojado, descarado, valiente, con pinta de golfillo de barrio que se convirtió en un personaje tan gigantesco que su sombra aún sigue proyectándose. En los tajos del campo había hombres que, entre bromas, decían que habría que hacerlo semental para que las

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