EL RECUADRO

Calles Manteros

Toda Sevilla es una inmensa calle de los manteros que apenas dejan paso a los peatones entre bolsos y zapatos de deporte

Antonio Burgos
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Entre las medidas de seguridad que se están tomando para la inminente Semana Santa (y que a muchos nos están metiendo el miedo en el cuerpo, más del que teníamos), se anuncia que los bares han de cerrar durante la Madrugada, en una especie de ley seca para evitar broncas y niñateos; y que muchos otros han de retirar sus veladores; y que serán suprimidos todos los obstáculos para las vías de emergencia, empezando por las propias salidas de la Carrera Oficial, que son en muchos casos, como en Sánchez Bedoya o en la propia Campana, una ratonera, con accesos estrechísimos y, encima, vallados. Pero ¿y los manteros? ¿Vamos a fastidiar a los bares y vamos a permitir al mismo tiempo que los manteros atajen las calles y dejen mínimos pasillos para los peatones, con sus mercancías ilegales y falsificadas extendidas en las cobijas que les sirven de escaparate y que tienen una curiosa tecnología completamente I+D, que son unas cuerdas atadas a sus esquinas, de modo que si vienen los guardias, tiran de la manta (y nunca mejor dicho) y convierten su ambulante mercadillo en una especie de saco de Papa Noel, y salen zumbando, corriendo si hay que correr e incluso atropellando a quien pillan en su estampida?

No se rían, que esto es muy serio, que estoy viendo cómo los dueños de los bares que se han tenido que fastidiar en los mejores días de negocio y ventas pueden ver, impotentes, cómo a la puerta se les colocan los manteros subsaharianos y tampoco dejan caminar a la gente, aun cuando no pasen cofradías. Que es lo más novedoso de la actual y pavorosa bulla sevillana: antes había bullas por donde pasaban las cofradías. Ahora te encuentras las bullas, y los peligrosos tapones humanos en las estrecheces, en calles por las que no sólo no pasan cofradías, sino que están muy lejos de la más cercana.

Los manteros han tenido ilustre tradición en Sevilla. Hasta tenían una calle con su nombre en aquella ciudad del nomenclátor gremial de Colcheros, Chicarreros, Chapineros, Alcuceros, Lineros, etc. Manteros era la actual calle General Polavieja. Claro que aquellos manteros eran los fabricantes de mantas, no estos inmigrantes parece que tolerados y nunca erradicados, que hacen la competencia desleal al comercio que paga sus impuestos y mantiene sus empleos, e infringen todas las leyes de propiedad industrial con la venta de falsificaciones de marcas y de la intelectual con los discos y películas piratas.

Calle Manteros, pues, sólo había una, la que en 1915 dedicó la ciudad a Polavieja, que había sido capitán general de Sevilla. Pero es que ahora media ciudad se ha convertido en calle de los manteros, que toman las aceras a sus anchas, sin que nadie proteste ni los multe. No es que yo tenga nada contra estos hombres desvalidos que han venido huyendo de las pobrezas de África, pero ¿no podíamos buscarles otra forma de ganarse la vida, y no como camellos de las mafias de las falsificaciones? Toda Sevilla es una inmensa calle de los manteros que, encima, apenas dejan paso a los peatones entre bolsos, pañuelos, cinturones, gafas, camisetas y zapatos de deporte. Plantan su competencia falsificada de los 20 euros delante de una zapatería que paga sus impuestos o ante una bolsillería que mantiene a unos empleados. Se ponen en todas partes: en Tetuán, en Velázquez, junto al Nervión Plaza, en la Avenida... Entre veladores y manteros, hay lugares por donde no se puede dar un paso. Por eso me temo la que se puede formar con los manteros cuando llegue la hora de los pasos de Semana Santa. Los que faltaban eran los manteros en la Plaza Nueva, en la calle Tetuán cuando no estén pasando cofradías.

En los años 40, a la verdadera calle Manteros, donde resiste el histórico y elogiable Portón, como por aquellos bares (La Perlita, Los Candiles, Casa Navarro) paraban los estraperlistas en la época de las cartillas y cupos de racionamiento, la llamaban como una película de la época: «La ciudad sin ley». Las nuevas calles manteros son igual, pero sin estraperlistas, sólo con ilegalidades de falsificaciones: la ciudad sin ley. Si tiene que haberla, ¿por qué nadie aplica esa ley y nos libra de estos manteros que tanto protege la Colau en Barcelona?

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos