OPINIÓN

El Rey y la Nación

El Rey no está sólo. Somos mayoría los que estamos con él. El otro día en Tarragona así se percibió

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El Rey no está sólo. Somos mayoría los que estamos con él. El otro día en Tarragona así se percibió. El pueblo español en comunión con la nación, bajo la dirección del monarca, invocan la España presente. Sería necesario la lealtad constitucional del Gobierno, cosa que pongo en duda. La tibieza en el planteamiento catalán lo avala. Querer retrotraer los artículos del Estatuto declarados inconstitucionales, promulgando Leyes Orgánicas, es una sucia maniobra política y legal.

Observo una foto en la presidencia del acto inaugural de Tarragona del pasado viernes. Y me alegro infinitamente de que los genes españoles sean distintos de los ‘auténticos’ catalanes, a decir por Junqueras. Sí aplico la escala de Carlos Cipolla sobre la imbecilidad humana, a Torra lo tengo que encumbrar en el nivel 1. Entre el ADN francés reivindicado por el presunto delincuente llamado Oriol, y el del supremacista Quim, me alegro que tengan a decir de ellos poco de españoles. Las ideas del ínclito Presidente y poco o nada honorable, representan la zona más supremacista, más excluyente y más xenófoba, de ese nacionalismo enfermo y brutal que representó el nacionalsocialismo alemán, exactamente lo mismo que anunció sin rubor el otro espécimen, a saber, Sabino Arana, el que fundara el PNV, que llamaba maketos al resto de españoles, tachándonos de inmorales, ladrones y blasfemos. La marioneta catalana del fugado y cobarde cuando se refiere a mí y a Ud., nos ve representados en otras razas inferiores, como «bestias con un pequeño bache en su cadena de ADN». A pesar de las malas compañías, el Rey estuvo en su sitio. Estuvo en España y presidió el acto. El valido que no valiente que dijo que no estaría, no tuvo agallas suficientes y acompañó al Jefe del Estado al que desafió en plan macarra, como lo que es. Y entre tanto el Presidente del Gobierno, apuesta por «la normalización, iniciar la cura, evitar tensiones, avanzar y tender la mano al gobierno catalán». Otra vez el buenismo y voluntarismo ‘zapateril’ en estado puro. Dios los cría y ellos se junta.

Es común confundir el término nación con los de país o Estado. Lo que resulta evidente cuando se habla de nacionalidad para indicar la pertenencia a un Estado concreto. Lo que debería ser llamado con mayor rigor conceptual “ciudadanía”. Tal es la confusión creada, que no sólo es un problema auspiciado indebidamente por los constituyentes españoles, que no entendieron nada de lo acontecido desde 1931 a 1936, sino que adquiere dimensión internacional con la creación de la ONU, acrónimo de Organización de Naciones Unidas. Organización que no es de naciones sino de Estados. Una nación es una entidad cultural, una colectividad de persona unidas por un legado cultural compartido. Factores culturales definen una ‘nación’ como concepto similar al de pueblo. Pero no proporciona un criterio para determinar cuando existe una nación y cuando no, en su vertiente político-jurídica. Y es aquí donde un presidente del Gobierno debe ser claro y transparente. Cosa que hay que reprochar y mucho al inefable ZP, ahora en defensa del sistema político venezolano-bolivariano. Cuando dijo ‘bambi’ que la nación es un concepto discutible, entendí a la perfección por qué no había pasado de ser un vulgar profesor asociado de universidad. Desde la perspectiva constitucional, nación tienen un efecto jurídico trascendente, que en el caso español es la comunión de los españoles como pueblo detentador de la soberanía. Es por eso por lo que creo que efectivamente debiera haber un referéndum, para dejar claro si el pueblo español está dispuesto a hacer concesiones en torno a su soberanía. Además, el Rey es quien deberá convocarlo, conforme previene la Constitución. Y para siempre dar por sentado que el concepto de nacionalidad en los términos constitucionalmente previstos, se refiere a ciudadanía asociadas a un territorio, pero con los efectos jurídico-civiles que se desprenden del concepto. Ahí acaba el debate y a partir de ello se habla de lo divino y de lo humano, incluido el parecido físico de Junqueras con Alain Delon, por eso del ADN francés del auténtico catalán.