El viento de Cádiz

La provincia suma en un mes tres grandes inversiones para la apertura de parques eólicos

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Cádiz es sol, playa y viento o, al menos, eso es lo que consideran varias compañías eléctricas a tenor de sus inversiones en energía renovable. La última en fijar su atención en la provincia ha sido Viesgo, que ha anunciado una inversión de 22,7 millones de euros en la construcción de un parque eólico en el término de Puerto Real de 24 megavatios. En poco más de un mes la provincia se ha convertido en el punto de mira de Gas natural, que ha proyectado un complejo eólico en la pedanía de San Martín del Tesorillo (Jimena), de Endesa, que ha anunciado la construcción de un parque en Vejer, y de Viesgo.

Para 2020, el objetivo que se ha marcado España en relación con las fuentes verdes es producir un 20% de su potencia a partir de las energías limpias, lo que supondrá un 3% más de lo que se genera actualmente. Poco a poco, las compañías empiezan a tomar posiciones para sacar tajada de este pastel energético. China se mantiene firme en la cima como el país más activo en renovables, India pierde fuelle y cae del segundo al cuarto lugar, y Estados Unidos, a pesar de sus aranceles, asciende a la segunda posición. Alemania vuelve a estar en el top 3, mientras que otros mercados europeos como Francia, Reino Unido, Holanda y Dinamarca destacan en los primeros puestos. Son datos del índice anual de países más atractivos para invertir en renovables, conocido como RECAI por sus siglas en inglés, que elabora la consultora EY. España se ha subido al carro de las renovables con las últimas subastas tras el parón sufrido en 2012. Así, entre 2013 y 2015, la potencia eólica instalada creció más de un 20% en Europa, un 36% en Asia y un 24% en Norteamérica. España, mientras tanto, miraba para otro lado; en ese mismo periodo aquí creció un 0,07%, el equivalente a instalar solo siete aerogeneradores en dos años. Entre 2013 y 2015, la potencia solar fotovoltaica aumentó más de un 15% en Europa, un 58% en Asia y un 52% en Norteamérica. España, el país del sol, miraba para otro lado: en ese mismo periodo la solar enganchada a la red eléctrica creció aquí solo un 0,3%. España no tenía entonces tecnología punta para desarrollar grandes proyectos y, por ello, necesitaba de ayudas públicas para cristalizar esas actuaciones. La crisis redujo drásticamente la demanda de electricidad y, al final, la inversión en renovables tuvo que esperar. España, empujada por los compromisos europeos que tiene que cumplir, intenta ahora salir del agujero en el que se metió y comienza la expansión.