EL APUNTE

La vergüenza pendiente

La reforma de infraviviendas en Cádiz alcanzó una vez un ritmo esperanzador. Nadie sabe por qué no lo recupera una vez superada la crisis

La Voz de Cádiz
Actualizado:

La infravivienda, en Cádiz, ha sido históricamente una de las lacras que más duele a la población de la ciudad. Es así, al menos, desde los años 80 cuando se tomó conciencia de que el parque de pisos de los gaditanos presentaba unas cotas de miseria insoportables. Hasta esa fecha, ese horror se daba por inevitable, por sentado. Pero desde que los gaditanos pensaron que esas casas no lo eran, que nadie debía tenerlas –probablemente y junto al paro– se convirtió en la más dolorosa de las taras sociales, la más grave. Es, sin duda, la que más ha acercado a miles de vecinos de la ciudad a condiciones de vida tercermundistas cuando, por entorno y renta ‘per cápita’, desde los años 90 hasta el presente al menos, ya no le correspondían.

Aún así, muchos ciudadanos, generalmente mayores y condenados a contar cada céntimo, aún tienen que aguantar paredes, fincas, humedades, viviendas en general que parecen sacadas de una película bélica de hace 70 años. Pero son reales, aún existen. Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Cádiz –que lideraba por entonces Teófila Martínez– entablaron una batalla firme durante finales del pasado siglo y principios del presente que consiguió mejorar buena parte de la dantesca situación. La rehabilitación de viviendas vergonzantes cogió velocidad de crucero y todos los gaditanos soñaron con su erradicación total. Pero la crisis se cruzó y el motor financiero de las obras quedó gripado sin que llegara un arreglo inmediato.

Por estos precedentes resulta más dolorosa la inacción o la lentitud contra la infravivienda –‘inflavivienda’ debería llamarse dado su carácter propagandístico– que sufre desde entonces la capital gaditana. Desde aquel parón, apenas se han visto obras aisladas en algunas fincas del casco antiguo. La recuperación económica llegó pero el ritmo de obras nunca alcanzó las cotas anteriores a 2006. Más de una década después va siendo hora de reclamar el trabajo pendiente. Ayer, la Junta mostró otro proyecto pero hacen falta muchos más y mucho más ambiciosos. Las cifras presupuestarias de los últimos años no dan ni para arreglar cinco casapuertas de las decenas de fincas que quedaron sin auxilio en Cádiz pero parece que la prioridad es hacer política pequeña y hacerse la foto antes que servir a los vecinos con práctico y necesario plan real.

La Voz de CádizLa Voz de CádizArticulista de OpiniónLa Voz de Cádiz