Opinión

La venta de un producto

A medida que pasan los días cada vez está más claro que lo de Pedro Sánchez es solo puro márketing

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Es curioso como a medida que pasan los días cada vez está más claro que lo de Pedro Sánchez es solo puro márketing. Una fachada con menos fondo que una lata de anchoas, que diría mi amigo Ramón.

Desde la imagen con el perro en la Moncloa a la de dentro del avión con sus gafas de sol puestas, todo lo que se intuye es una puesta en escena que nos hace recordar a otros presidentes de gobierno norteamericanos y en los que se nos quiere hacer una trampa a nuestro subconsciente y que lo asociemos con esas figuras. Kennedy, Obama… son los elegidos por el ‘modesto’ (nótese la ironía) de Pedro Sánchez para equiparase.

El problema es que, detrás de esas fotos, esas poses, o esas frases grandilocuentes, no hay nada.

No hay un fondo ni político ni social. Solo el ego personal por querer pasar a la historia como un gran presidente, pero que en realidad nos demuestra que está ahí por sus ínfulas de poder y no por querer servir a su país.

El puesto al que Sánchez ha accedido, y permítanme que lo diga, por la puerta de atrás, no es para segundones o mediocres. No podemos permitirnos tener al frente del Gobierno de nuestro país a una persona que en reiteradas ocasiones ha faltado a la verdad en su propio currículum.

Esos estudios no realizados, esos puestos internacionales no ocupados, incluso, ese aumento de cargo en la OCU en España que nunca tuvo nos pone de manifiesto un grave problema de autoestima, un complejo de inferioridad en la persona que hoy por hoy, y espero que no por mucho tiempo, nos dirige como país, nos representa en las instituciones internacionales y juega con el futuro de nosotros y de nuestros hijos.

Sánchez no es más que una marca sin producto, una caja vacía envuelta con un papel de regalo precioso pero que no contiene nada para hacernos felices ni mejorar nuestras vidas. En él solo hay una mascara, un disfraz de socialismo que tapa las carencias a las que este hombre se enfrenta día tras día en el papel que ocupa en la actualidad.

Y como tal producto que es se está viendo en las medidas que está adoptando para nuestro país.

El gobierno que ha creado no es más que una prolongación del producto que nos intenta vender.

Véase si no el caso del dimitido Màxim Huerta o el de Pedro Duque. Sus nombramientos fueron un golpe de efecto, de marketing a la hora de escoger ministros. Lejos de dudar de la valía de cada uno de ellos, la decisión de integrales al Consejo de Ministro fue más bien de cara a los medios de comunicación que a lo que, realmente, puedan hacer al frente de sus carteras.

Por otro lado, si aceptó la llegada del ‘Aquarius’ a nuestras costas no fue por cuestiones humanitarias sino por el interés de hacerse la foto para seguir vendiendo el producto, ya que pateras siguen llegando a nuestras costas pero esas venden mucho menos en los medios de comunicación.

Lo que está claro es que en venta directa, Pedro Sánchez es un producto fallido por dos ocasiones sin el respaldo del electorado. La cuestión es saber, ahora que se nos ha impuesto, cuanto tiempo tardará en desinflarse el globo, la imagen que nos quieren vender los asesores y él mismo y cuanto daño le habrá hecho en ese desplome de su imagen a nuestro país.