OPINIÓN

Universitas

Para hacer carrera política no hacen falta estudios. Sólo ser mayor de edad y tener cierto bagaje en juventudes militantes.

Antonio Ares
Actualizado:

Uno, un simple ordenanza de la administración. El otro, comerciante con minúsculas redundantes de un pequeño negocio de sacos de arpillera con el que subsistía a duras penas con su complemento de calle. Las dos, amas de casa. De esas que entiende de todo, que saben de cuentas y de recursos finitos, que bordan la economía familiar más allá de cualquier ministro de finanzas, de las que educaban día a día sin aspavientos. Supervivientes de esa generación con dolencias de posguerra que no tuvieron oportunidades de formación alguna. Para ellos la enseñanza primaria consistía en saber leer, escribir y las cuatro reglas. Con tiempos robados a hurtadillas de una incorporación al trabajo al borde del uso de razón. Nada de cursos escolares programados, nada de libros de texto de caducidad con obsolescencia programada, nada de material escolar en colores. Para ellos un curriculum era un latinajo intraducible.

A pesar de todo supieron entender a la primera que en la formación estaba el futuro de su tropa casera. Que los esfuerzos, económicos en su caso, y las ganas de superación de sus hijos eran la herencia perfecta, inagotable y multiplicadora.

Y aquí aparece la generación de los milenials de la década de los setenta del siglo pasado, esos que vivimos de soslayo los estertores del “inquilino pétreo”. De esas castas modestas fuimos los primeros en entra en la Universidad Pública. Allí se fraguaban el saber, la ciencia, el arte, el conocimiento, las letras, la política a lo grande, los valores, el esfuerzo, el trabajo bien hecho. Allí supimos que el relevo tenía que ser para nuestros hijos, que el conocimiento los harían más libres y mejores ciudadanos.

La Universidad es una creación europea que surge de las escuelas catedralicias y monásticas. La más antigua la de Bolonia (Italia) 1088. En España se celebra este año el 800 aniversario de la de Salamanca, para algunos, usurpando ese honor a la de Palencia, creada en 1208. Con el permiso de la de Córdoba Califal del siglo VIII.

¡Y a las Universidades llegaron los políticos!

Para hacer carrera política no hacen falta estudios. Sólo ser mayor de edad y tener cierto bagaje en juventudes militantes. Con solo el NIF en vigor con letras de siglas de partido y una culata con algunas muescas es suficiente para medrar. Ni Grados, ni Trabajos Fin de Grado, ni Másteres, ni Trabajo Fin de Másteres, ni mucho menos conocimientos de lenguas más allá de la vernácula. Con solo la inercia de un partido y la fuerza de unos votantes dispuestos a ser engañados, se puede llegar a los más alto.

Todo lo que tocan se tambalea. El último bastión del esfuerzo, de la constancia, de las oportunidades para todos, donde con las capacidades necesarias el dinero no importa, en el lugar donde los méritos se fraguan día a día y donde no hace falta pedigrí para llegar a lo más alto, se desmorona por ese apetito insaciable de subir a cualquier precio. Si esto ocurre en las universidades públicas, donde se supone sistema de control, imaginemos en las privadas. No es de extrañar que la primera Universidad española en el Ranking Mundial de Excelencia 2018 esté más allá de puesto 200.

No les bastaba con hacer carrera política, también querían carreras de las otras, de las de verdad.

Antonio AresAntonio AresArticulista de OpiniónAntonio Ares