Unas protestas que a todos vienen mal

Las manifestaciones de los obreros en Navantia devuelven la imagen de conflictividad a Cádiz

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Los británicos, que han demostrado ser los mejores a la hora de gestionar los asuntos de gravedad repiten con frecuencia la frase de «hay un tiempo para cada cosa, cada cosa a su tiempo». Las protestas de los trabajadores de Navantia el pasado 17 de enero, coincidiendo con la entrega del petrolero ‘Monte Urquiola’, aunque lícitas, fueron totalmente inoportunas. La impresión que los gerifaltes presentes se llevaron de la factoría puertorrealeña no fue, en absoluto, positiva, algo que no jugará a su favor a la hora de decidir el destino de futuros contratos.

Los trabajadores estaban armados de razón cuando decidieron protestar. El horizonte con menos carga de trabajo y el hecho de tener que estar acogiendo una carga de