El Apunte

El último de una estirpe

Con Pérez Llorca se marcha un Cádiz cosmopolita, eficaz, generoso y culto que unía 1812 con 1978

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Pocos hijos de Cádiz con mayor altura personal, ética, intelectual y política –si no son términos redundantes– en todo el último siglo y lo poco que va del presente. José Pedro Pérez Llorca no sólo deja la memoria de un enorme jurista. Sobre todo, la de un gran conciliador. Es una de las siete personas que supo dar forma a la Constitución de 1978, ese texto que ahora denuestan algunos con la osadía que sólo pueden dar la desmemoria y la ingratitud.

Aquel manual de reconciliación social, histórica y política de la España rota durante más de medio siglo aún sigue vigente y ha dado paso al periodo más largo y profundo de progreso comunitario, económico, integral y transversal, que