OPINIÓN

Toros y pan

No hemos cambiado nada. Nos siguen enseñando el capote para que embistamos, para que entremos al trapo y para que no veamos más que lo que quieren que veamos»

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Que a Jacinto Benavente le gustaban más los toreros que los toros, es algo que sabía hasta el mismísimo Franco –a quien tanto admiró al final de su vida– porque si algo no escondió el Nobel de Literatura fue su homosexualidad, como tampoco escondió sus devaneos políticos que le llevaron a ser desde diputado del partido Liberal-Conservador, dentro de la fracción maurista, hasta fundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética –con García Lorca y Concha Espina– para acabar siendo el erudito oficial del régimen franquista. Ya ve, lo moderno tiene ya casi cien años. A García Lorca, sin embargo, sí que le gustaban los toros. Llegó a escribir que «el toreo es probablemente la riqueza poética y