Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se funden en un abrazo tras el triunfo de la moción de censura
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se funden en un abrazo tras el triunfo de la moción de censura
OPINIÓN

Tiempo de contradicciones

Vivimos nuevos tiempos en política, pero la base sobre la que se construyen es muy peligrosa

Actualizado:

España camisa blanca de mi esperanza vive tiempos tumultuosos. Los peores de las últimas décadas.Afortunadamente, no en lo económico, que al final es la base de todo. En democracia, si la economía va bien, siempre se pueden abordar el resto de asuntos. Si falta el pan, todo lo demás queda relegado a un segundo plano. Y la recuperación económica está encarrilada –al menos si nos comparamos con hace cinco años– y navega ahora por su propia inercia. Vienen nuevos gestores a dirigirla y nunca se sabe, pero muy mal tendrían que hacerlo en lo que resta de legislatura para volver a meternos en el pozo de negrura que hemos vivido desde el año 2008.

Sin embargo, en todo lo demás que concierne a la política, este país se ha vuelto literalmente del revés. Vivimos los tiempos del todo vale. Decir una cosa y la contraria. Hacer una cosa y la contraria. El líder del Partido Comunista –ahora llamado Podemos– llega a líder del Partido Comunista –ahora llamado Podemos– autoproclamándose el salvador de los pobres y los indignados. Llena millones de cabezas con frases populistas, lemas adolescentoides, y gracias a ello es elegido diputado en Cortes por el Partido Comunista –ahora llamado Podemos–. Por ello le pagan un dineral, a él y a su pareja. Y ambos, sin haber cumplido aún los 40, se meten en un chaletaco de más de 600.000 euros. Dame pan y dime demagogo, que me importa tres pimientos. Para colmo, se alía y se funde en abrazos con el que hasta antes de ayer era la casta, el líder del partido de la corrupción en Andalucía. ConPedro Sánchez. Nuestro nuevo y flamante presidente del Gobierno. Un señor que logró los peores resultados de los ciento y muchos años de historia del PSOE. Y que llega al cargo apoyado por lo peor de cada casa. Por lo pronto, los separatistas catalanes. Esos a los que repudió hace tan solo dos semanas por medio de un fuerte apretón de manos con Rajoy en la puerta del que desde el viernes es su nuevo hogar, La Moncloa. Y que deberá gobernar con unos presupuestos que rechazó hace tan sólo diez días, tildándolos además de antisociales y ruinosos para España.

Todo vale, por lo visto. Ni valores, ni ética, ni moral. Lo que sea por figurar, por la gloria personal. Como excusa, la corrupción. Que ha sido mucha. En el PP y en el PSOE. Que esa es otra. Pedro Sánchez pretende abanderar la pureza incorrupta mientras lidera un partido que tiene lo que tiene con los ERES aquí en Andalucía. Eso es lo más desalentador, que a ningún político le preocupa de verdad la corrupción. Al contrario, la necesitan para tener un arma arrojadiza. Cuanto más robe el oponente, mejor. Ya tienen excusa. Los afectados, el dinero perdido, el deterioro de nuestra imagen de país no importa. Sólo importa el rédito político. Llegan nuevos tiempos, pero la base sobre la que se construyen es muy peligrosa.