Un tapón a eliminar

La avenida de Astilleros se volvió esencial sin que la ciudad hubiera hecho los deberes. Ahora es un problema a resolver

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Al fin –con casi una década de retraso y con la incertidumbre sobre la fecha final que tiene toda obra pública– arranca la remodelación de la avenida de Astilleros o (vulgo, carretera industrial). Esta vía, accesoria hasta hace unos pocos lustros, se ha convertido en arteria fundamental desde que se inauguró el segundo puente. Pero nadie había caído en ensacharla, limpiarla y prepararla, en quitarle trombos, nudos y parches antes de que recibiera cinco veces más tráfico que antes de que existiera el viaducto. Ahora es puerta esencial de entrada al casco antiguo, antes no lo era.

Nadie preparó esa puerta para que la atravesara miles cuando antes eran decenas. El resultado es que se tapona un día sí y otro también. Ya no sólo sucede en los días de gran afluencia turística, en los momentos más complicados del verano, de alguna festividad masiva como el Carnaval, Semana Santa o Navidad. El riesgo de que afecte a las jornadas laborables ya es una realidad y la mala imagen que se da al visitante en esas semanas fundamentales –como las de un mes de agosto, por ejemplo –también. Cádiz es una ciudad en la que cuesta entrar mucho más ahora, con dos puentes, que cuando tenía sólo uno, hace dos años largos. Aunque parezca un sinsentido, el viaducto de la Constitución de 1812, en vez de tapar carencias las ha mostrado.

La más importante es la mencionada de la carretera industrial o avenida de Astilleros. Es decir, el cable que conecta el nuevo puente con el casco antiguo. Su reforma está pendiente desde hace demasiado tiempo y cuando llegan fechas la gran campaña veraniega, se nota más. Ni el Gobierno municipal anterior, con casi diez años de margen, ni el nuevo, con casi un mandato entero, ni la Junta de Andalucía han sabido hacer su parte. Las obras comienzan ahora y más vale tarde aunque sea al olor de la campaña electoral cercana.

La configuración geográfica es complicada, cierto, y los obstáculos existen pero también es innegable que la ciudad no ha hecho los deberes a la hora de crear salidas fluidas al nuevo puente. El aluvión turístico que se vive hoy puede servir de excusa ha sido idéntica en mañanas escolares, durante el último gran concierto, en el pasado febrero, a finales de diciembre... Los eventos, los comerciantes, las convocatorias, no son los culpables, son víctimas como los vecinos que se ven atrapados en autobuses y automóviles por una ciudad incómoda, lenta. Demasiado para su tamaño.