OPINIÓN

Solo se asusta él

A España, así en general, la persigue Franco-calavera con su uniforme de jirones y el clinclán de huesos bajo el palio de tela de araña del pasado

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Los trajes estrella de la noche de muertos fueron el de Franco insepulto, el de topillo de la policía en Génova y el de Fantasma de Villarejo entre los cascotes de las obras de la última planta del PP como aquél espíritu falso de la Casa de América que se hacía llamar Raimunda y que hablaba en unas psicofonías que distribuyó ‘Tiempo’ y que de chaval me daban un miedo de muerte. Villarejo es casi un personaje de Bowie y transita por el arco parlamentario en una elipsis de sí mismo. En sus conversaciones todo es ese y el otro y tal y tú sabes, y se aparece como el habitante molesto de un sueño confuso y pegajoso cuya geografía