OPINIÓN

Nos sacan los colores, sacaremos los coloretes

Cádiz abre un escenario político imposible donde cada actor representa una función distinta

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Cuando alguien quiere convencernos de que le gusta Cádiz cae en varias frases que, ante un tribunal de gaditanía, le costarían un severo cosqui o catea perpetua revisable. La primera es llamar ‘Cai’ a la ciudad o a la provincia, que deja a las claras el total nivel de impostura del que habla, que puede ser agravado si va acompañado de un ‘picha’ malage y exagerado que suena más como subida de Euríbor que como consigna patria. Otra de las pistas que debe hacer sospechar a quien escucha es la alabanza gastada, común y vacía de la luz y los colores de la ciudad, haciendo del patio de nuestra casa una especie de payaso de Micolor a la que no