EL APUNTE

Resurgir inmobiliario, sensatez obligatoria

Del incremento del precio de la vivienda al de licencias de obras o hipotecas, cada dato apunta a la recuperación del sector pero nadie debe olvidar errores recientes

Actualizado:

Para lo malo, también vuela. Quizás más despacio, pero vuela. Ya han pasado más de diez años desde que se derrumbara la burbuja inmobiliaria en España. Ya parece lejano aquel 2006 en el que, de repente, todo frenó en seco. Al cabo de unos meses comenzó una década de crisis que dejaba por el camino innumerables ‘cadáveres’ de hormigón, desahucios, cierres y puestos de trabajo enterrados. Parecía difícil que se recuperasen los números previos, aquella actividad. De hecho, es indeseable porque era un ritmo pernicioso, dañino y falso, insostenible. Pero la economía a veces es caprichosa y, siempre, cíclica. Desde entonces, muchas voces se volvieron pesimistas respecto al futuro de la construcción, augurando un negro porvenir. Pero los siempre sobreviven y han brotado para llevarles la contraria. El sector está mostrando síntomas evidentes de recuperación, ya que al menos en los últimos tres años ha logrado revertir parcialmente la situación aunque sin llegar a los viejos extremos. Ojalá que no vuelvan. Pero el hecho de que el precio de la vivienda, como media, crezca un siete por ciento en Andalucía habla de un notable incremento de la demanda. Por recalcar la obviedad: ningún producto eleva su precio si no hay más compradores que oferta. Se trata de una buena noticia por lo que supone de reactivación para un sector que cayó al vacío. No pensemos en promotores, recordemos que hay albañiles, pintores, electricistas, fabricantes de azulejos y ventanas que vuelven al mercado laboral tras casi una década de oscuridad. Hablamos de miles de familias que afrontan el futuro con algo de optimismo por primera vez en un decenio largo. Demasiado largo. Otra cifra que sustenta la consolidación de la construcción es el número de licencias de obras solicitadas.

No hay que ir muy lejos. En Cádiz capital es posible ver cómo las grúas vuelven a moverse, desde el casco antiguo hasta Segunda Aguada o los límites con la Zona Franca. La firma de nuevas hipotecas también se eleva. Todo son señales pero, esta vez, conviene que no sean de humo, que las burbujas no se agiganten hasta explotarnos en la cara a todos.