EL APUNTE

El PSOE vende a España

Con 85 de 350 diputados y tras perder dos elecciones, Sánchez llega a hombros de los que apoyan el golpe en Cataluña y los proetarras

La Voz de Cádiz
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El definitivo apoyo de los cinco diputados del PNV garantizó ayer a Pedro Sánchez la mayoría absoluta necesaria para el éxito de la moción de censura. Ningún escenario político obedece a causas únicas. La caída de Rajoy no iba a ser la excepción. La moción de censura del PSOE ha cabalgado a lomos de errores –serios– cometidos por el Gobierno y el PP, principalmente en su agenda política, de comunicación y de lucha contra la corrupción. Pero no hay que confundirse ante el significado ético y político del acceso de Sánchez a La Moncloa. Sánchez entrará en La Moncloa de la mano de los proetarras de Bildu, quienes ayer mismo, mientras anunciaban su apoyo al candidato socialista, rendían homenaje al autor del primer asesinato de un guardia civil.

Si grave es la corrupción económica, peor es la corrupción moral del PSOE que suprime los escrúpulos necesarios para no aceptar nada de los apologistas del terrorismo. Sánchez también entra en La Moncloa a hombros de Esquerra Republicana de Cataluña y del PDECat, partidos que quieren romper España, derogar la Constitución y que han puesto al frente de la Generalitat a un digno representante del neofascismo xenófobo y racista, avalado desde ayer por la condescendencia de Pedro Sánchez para con sus diputados. Sánchez llega a La Moncloa para quedarse y para usar el poder con la misma vocación intervencionista que Zapatero. El paso del PP a la oposición no debe traducirse en un enroque numantino. Está obligado a hacer en la oposición y en menos de un año, la renovación que pudo haber hecho con tranquilidad y desde el poder, y que no hizo por un exceso de arrogancia en la valoración de sus propias fortalezas. También es una nueva etapa para el PP, cuyo paso a la oposición no debe traducirse en un enroque numantino ni en una tabla rasa de sus errores pasados.

Rajoy ha optado por no dimitir porque su dimisión no garantizaba una nueva investidura de otro candidato del PP. Es cierto, pero tampoco el PSOE tendría garantizada la investidura de su candidato en un escenario político que sería distinto y en el que la ausencia de una mayoría suficiente acabaría forzando unas nuevas elecciones, que debería ser el objetivo legítimo para la salida de esta crisis. La insistencia de Rivera en una dimisión que abriera en una transición pactada cayó en saco roto. El centro derecha político tiene que reaccionar.

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