Los políticos y los sueldos

La cuestión no está tanto en la cantidad como en el orden de prioridades que establecen al mejorar sus emolumentos a la primera ocasión que tienen

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Nadie en su sano juicio quiere a representantes mal pagados. Ningún ciudadano que se pare a pensarlo unos segundos quiere a dirigentes que ganen menos que él. Nadie desea que sean vulnerables a la corrupción, a la oferta de la empresa privada. Bien al contrario, la experiencia de otras democracias con mayor trayectoria dice que resulta conveniente contar con salarios competitivos para poder atraer a elementos válidos de la llamada «sociedad civil» hacia la función pública.

Hasta ahí, una mayoría de votantes y contribuyentes puede estar de acuerdo pero después llegan las formas, los tiempos y los modos. Las últimas semanas, las pocas que han transcurrido desde las elecciones municipales del pasado 26 de mayo, han estado salpicadas de noticias