OPINIÓN

Política de altura

El sinvivir del Ayuntamiento con los gatos de la ciudad es el ejemplo perfecto de lo que representa su actual equipo de Gobierno

CádizActualizado:

El sinvivir del Ayuntamiento de Cádiz con los gatos de la ciudad es el ejemplo perfecto de lo que representa su actual equipo de Gobierno. La prueba palpable de su mediocridad. Todo son pamplinas de la Plaza Mina que nos quieren vender como transcendentales para los gaditanos. La nota de prensa emitida esta semana desde San Juan de Dios en la que se explica que se va a autorizar a tres personas para que accedan al solar de los antiguos depósitos de Tabacalera para alimentar a la colonia de gatos que allí mora sobrepasa todos los límites del patetismo político. Acompañada, además, por una foto en la que se ve al alcalde de perfil, él solo, gesto pensativo, examinando el terreno, absolutamente ridícula. Esto es lo de siempre. Por supuesto que hay que controlar a los gatos de la ciudad. Preocuparse por la higiene, esterilizarlos y lo que haga falta. Pero convertir el tema en asunto de ‘Estado’, venderlo como un trabajo del que se ocupa en persona el mismísimo alcalde, pone demasiado de manifiesto el paupérrimo nivel político de los actuales dirigentes de la capital. Vigilar gatos es, o debería ser, algo absolutamente intranscendente. Una rutina de la que se han de ocupar los técnicos en la materia. Aunque los gaditanos más jóvenes no se lo crean, hace no tanto tiempo, en Cádiz había perros callejeros. Algunos hasta peligrosos. Un asunto bastante más serio que el de los mininos. Y un buen día alguien aprobó una normativa, vinieron unos señores con un lacito, y se los llevaron a las perreras. Aquí paz y después gloria. Sin alharacas. Y a gobernar, a preocuparse de lo realmente importante.

Pero hoy en día esto, algo tan simple, resulta impensable. Desde el presidente del Gobierno al alcalde de Cádiz, los políticos se han quedado sólo para los gestos. Para vender humo antes que gestión. Y lo peor es que les funciona. Hace años ya que Cádiz se convirtió en el paraíso del cutrismo, y no parece que vaya a haber remedio a corto o medio plazo. Kichi parte la pana, o eso parece, pese a su nula gestión. Cada día se evidencia más el deterioro de la ciudad sin que a nadie le importe. En verano, por ejemplo, se hace aún más patente la ausencia de una oferta cultural digna de la ciudad. Muchas actividades de medio pelo y poca chicha. Mucho Carnaval, eso sí, que es fácil de gestionar. Y de paso el alcalde intercede por las agrupaciones ante Hacienda para ayudarlas a escaquearse de pagar impuestos, que eso vende mucho. La gente. Los vecinos. El patético discurso populista facilón que nos ha invadido. A ver si alguien se decide a combatirlo con hechos de una santa vez.