El buque insignia español, fondeado en la Bahía de Cádiz
El buque insignia español, fondeado en la Bahía de Cádiz - A. V.
Opinión

Orgullo de ser español

Las conferencias del Aula de Cultura de Vista Hermosa se están convirtiendo en una de las citas del verano

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Las conferencias del Aula de Cultura de Vista Hermosa se están convirtiendo en una de las grandes citas culturales de este verano, que no todo ha de ser carnaval en la calle, conciertos y cursos podemitas sobre empoderamientos varios. Ya han pasado por allí ponentes como la escritora María Dueñas, el periodista Ignacio Camacho, el capitán de Fragata Guillermo Cervera, el presidente de Fedejerez y del Consejo Regulador del Brandy Evaristo Babé, el director general de los Consejos Reguladores del Vino y Brandy de Jerez, César Saldaña, o el director de ABC, Bieito Rubido, entre otros. Y aún quedan por hacerlo el prestigioso crítico gastronómico Carlos Maribona, el periodista Ángel Expósito o la escritora Eva Díaz Pérez.

Precisamente Rubido, el martes pasado, hacía un repaso -con datos contrastados y poco refutables- de decenas de motivos por los que debemos sentirnos orgullosos de ser españoles, aquellos que tenemos la suerte de serlo. Habló de sanidad, de infraestructuras, de industria automovilística, de educación, de turismo, de grandes empresas, de comercio exterior y de un sinfín de aspectos más en los que nuestro país ocupa puestos de privilegio a nivel europeo y mundial. Al margen de otros méritos no medibles cuantitativamente como la lengua española o nuestra vasta historia.

Ocurre, como también quedó claro en su exposición, que el español es, al mismo tiempo, uno de los pueblos que menos se quiere a sí mismo. Es este un país en el que destacamos mucho más lo malo que lo bueno. E incluso lo bueno solemos retorcerlo torticeramente para convertirlo en malo según el aire político que respiremos. No todos, obviamente. Es algo más propio de los extremistas. La izquierda radical española, que siempre ha existido pero en los últimos años ha salido de su cueva vía dirigentes de Podemos, es especialista en odiar al prójimo que no piensa exactamente como ellos. La derecha, por supuesto, es fascista. Y la izquierda moderada, racional, es tibia. Casi fascista. Casta, desde luego. Y esos radicales, que siguen siendo minoritarios, son sin embargo muy ruidosos. Y capaces de retorcer los hechos y el lenguaje hasta distorsionar la realidad.

Así que el resto de españoles, de derecha, de centro o de izquierda, estamos obligados a combatir sus infamias, sus insultos y sus difamaciones con serenidad, pero con firmeza. Con la tranquilidad de saber que, por más que se empeñen en vender lo contrario, este país ha dado pasos de gigante en su progreso durante los últimos 40 años, hasta convertirse en una democracia fuerte y uno de los mejores países del mundo para vivir. Así que, sin complejos, ¡Viva España!